Lunes 22.12.2008
Hemeroteca web
|
RSS

TODAS las previsiones, las últimas emitidas por la Comisión Europea, dibujan un escenario de ralentización del crecimiento hasta límites que bordean la recesión, caso de España. En el tercer trimestre de este año la economía española registró un crecimiento cero del PIB, y las expectativas son que se contraiga en el cuarto trimestre.
Con unas previsiones de crecimiento del 0,5 por ciento en 2012 para la eurozona, la posibilidad de que los socios comunitarios ayuden al sector exterior español a tirar del carro se reducen. En el caso de Galicia, ese escenario resulta todavía más preocupante.
En efecto, ya que al tratarse de una de las zonas de Europa con mayor grado de envejecimiento de la población, la demanda interna pesa menos y obliga a un mayor esfuerzo exportador.
En las ventas hacia el exterior de la comunidad, la economía gallega tiene una parte muy importante de su clientela en la eurozona. Por lo que, previsiblemente, el estancamiento europeo le afectará en aquellos productos cuya función de demanda se vea más efectada por esa situación.
A su vez, las ventas al resto de las comunidades españolas, que suponen aproximadamente la mitad de la balanza comercial gallega, continuarán, en el mejor de los supuestos, en la línea de este año.
En consecuencia, las probabilidades de que el sector exterior siga siendo el motor de la economía gallega son menores. Sobre todo, por la escasa presencia que aún tienen los países emergentes en sus exportaciones.
Galicia continúa sin aprovechar, y quizá ya sea tarde, el entramado de relaciones personales afectivas urdidas por la emigración en Latinoamérica. No supo rentabilizar, por falta de una política con visión de futuro, el potencial de relaciones institucionales que contiene el mapa de centros gallegos repartidos por el mundo. Al contrario, estos son utilizados como agentes conservacionistas de una rancia política clientelar, en la que el amiguismo y el enchufismo han impedido el desarrollo de otras iniciativas más lúcidas.
Tampoco ha desarrollado un marco de relaciones con el mundo lusófono (Brasil y países de África) lo suficientemente ambicioso e imaginativo para tejer un espacio en red del que beneficiarse mutuamente.
Por otro lado, la institución Galicia-Norte de Portugal no pasa de ser un punto protocolario de encuentro e intercambio de propuestas, cuya efectividad es muy escasa.
La creación del espacio común transfronterizo, con el apoyo explícito de la Unión Europea, se ha quedado en un circunloquio de buenos propósitos.
El hecho de que Lisboa se muestre renuente a fomentar ese tipo de iniciativas, y de que Madrid lo perciba como algo anecdótico e intrascendente, no sólo es deudora de una mentalidad centralista e imperial. Es también consecuencia de la escasa conciencia de autogobierno y grave estado de aculturización que aqueja a unas élites acomplejadas e ignorantes.

Vómitos en el casco viejo santiagués
Fuente que no mana en Compostela
El río Sarela recibe vertidos blancos
Un cajero compostelano pintarrajeado