Lunes 22.12.2008
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En estos días hemos sabido, gracias a un informe publicado en Harvard Business Review, que la factura de fondos públicos que ha ayudado a rescatar el sistema financiero internacional reflotando bancos y aplicando planes de estímulo ascendía, hasta finales de pasado año 2009, a 13 billones de dólares. Es decir, el 21,12 del PIB mundial, que supone una carga adicional próxima a los 1.900 dólares por cada ser humano del planeta.
Sorprende, y no poco, que estas decisiones de los diferentes gobiernos, en parte a causa de la deficiente regulación de los mercados financieros nacionales y global, se hayan adoptado sin consulta alguna con los ciudadanos, cuando se trata efectivamente de políticas de gasto público que afectan a las condiciones de vida de las personas. Sin ir más lejos, estos días los pensionistas en nuestro país se han desayunado con una bajada de sus pensiones consecuencia de la subida de la retención consecuencia a su vez de la necesidad de recaudar fondos por la amarga situación financiera que en este momento caracteriza la situación económica en España.
Las desaforadas políticas de gasto público que han debido afrontar los gobiernos para mantener la estabilidad financiera no tienen por qué pagarlas el ciudadano de a pie, como está ocurriendo en general. Más bien, las entidades beneficiarias de los planes de rescate financiero deberían devolver cuanto antes a las arcas públicas los fondos recibidos. Hasta ahora, el único político que ha tenido coraje para reclamar tal medida ha sido Obama. Desde luego, por estos lares no se habla del tema probablemente porque la condonación de la deuda a algunos partidos les impida ser coherentes.
Los rescates bancarios implementados por los gobiernos ascienden, según el informe citado, a 3,6 billones de dólares, el 5,73 por ciento del PIB mundial. Los planes de estímulos suponen el 9,4 billones de dólares, el 15,39 por ciento del PIB global. El 75 por ciento del rescate bancario se ha concentrado en los países occidentales, que representa el 7,8 por ciento del PIB de estos países. En este contexto, en el que el FMI prevé que en 2010 habrá que seguir con los programas de estímulos financieros, con lo que el déficit público seguirá subiendo. Lo que implica, es obvio, que los impuestos seguirán creciendo. Todo ello con la población como la gran convidada de piedra de unas políticas que ayudan a que algunos bancos, a pesar de su gestión, no caigan y a que la gente corriente y moliente tenga que pagar más impuestos.
Esperemos que poco a poco se vaya despertando la capacidad crítica de los ciudadanos. Ahora que, entre nosotros, a pesar de las misivas desconcertantes del Gobierno, se bajan las pensiones, es probable que pronto asistamos a fuertes movilizaciones que obliguen a los responsables a cambiar de políticas, a diseñar políticas en las que paguen los responsables de los desaguisados, no el conjunto de los habitantes. Desde luego, no es posible seguir mucho más tiempo con esta gran farsa global y nacional.

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