"El filme se rodó en Sicilia. En Montelepre, donde Salvatore Giuliano nació. En las casas, en los caminos, en las montañas donde reinó durante siete años. En Castelvetrano, en la casa en la que el bandolero vivió los últimos meses de su existencia, y en el patio donde una mañana se encontró su cuerpo sin vida". Así comienza el filme, admirable paradigma de cine político. Sin mistificaciones, sobre la reconstrucción de los hechos sobresale la fisonomía de un país humillado, que se rebela contra su secular y trágico destino. Francesco Rosi pretendió mostrar la gangrena feudal del Mezzogiorno: el sometimiento del poder local al central; la miseria, el analfabetismo; las relaciones entre mafia, bandolerismo y Gobierno. Con la colaboración de la Iglesia católica: "Era inevitable la rebelión frente a la prepotencia, las calumnias, la deslealtad y la actitud antiitaliana y anticristiana de los comunistas" (Ernesto Ruffini, arzobispo de Palermo a la sazón).
El guion de Rosi, Cecchi D'Amico, Provenzale y Solinas se basó en una amplia documentación: Banditi a Partinico (Danilo Dolci), A Montelepre hanno piantato una croce (Franco Grasso), Le parole sono pietre (Carlo Levi), Dagli amici mi guardi Iddio (Gavin Maxwell)...; en crónicas parlamentarias sobre el bandolerismo, en las actas del proceso de Viterbo, en testimonios de protagonistas supérstites, como Giuseppe Calandra, brigada de los carabinieri de Montelepre, y Pietro Franzone, miembro histórico del MIS que aparece en el filme recitando el himno independentista: "Sicilia despierta, demasiado ha durado este sueño vergonzoso en el que has perdido todo, hasta el honor. Rosas, rosas blancas de Sicilia, llegarán a ser rojas con nuestra sangre".
Los actores y actrices (antológica escena de la revuelta de mujeres) fueron, en su mayoría, figurantes, soberbia galería de rostros curtidos de los habitantes de Montelepre, Borghetto, Partinico, Giardinello..., ennoblecidos por la inspirada fotografía de Gianni Di Venanzo. Solo el germano-americano Frank Wolff, en el papel de Pisciotta, y el admirable Salvo Randone, como presidente de la Audiencia de Viterbo, eran profesionales.
Utilizando documentos italianos y estadounidenses desclasificados, investigaciones históricas y un texto del escritor Danilo Dolci, Paolo Benvenuti realizó en 2003 Segreti di Stato, filme donde se conjetura sobre la implicación de los servicios secretos americanos y de Mario Scelba, ministro del Interior con De Gasperi, en las acciones anticomunistas de Giuliano y su banda.
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18.05.2013
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