Lunes 22.12.2008
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Cumbre del Clima en Copenhague a fin de tomar las medidas pertinentes que limiten el aumento de la temperatura en la Tierra, y los efectos perniciosos que ello lleva consigo. Hay una relación directa entre la utilización de energías fósiles, emisiones de gases y contaminación por CO2.
Los ganaderos gallegos y asturianos sacan los tractores a la calle para exigir que los precios percibidos por el litro de leche no estén por debajo del coste de producción y se aproximen al umbral de rentabilidad de las explotaciones. Hay un aspecto, el de los abonos químicos, altamente contaminantes, que se soslaya, y eso afecta a aquellos países, Nueva Zelanda, por ejemplo, capaces de poner en el mercado miles de toneladas de leche a bajo precio. Una competencia más a añadir a otras competencias desleales que se practican en los países de la Unión Europea para dar salida a los excedentes.
Pero, también, hay un debate por hacer sobre la organización mundial del comercio, el trasiego de alimentos en grandes distancias y las ventajas e inconvenientes que eso plantea desde la perspectiva de una economía sostenible. Porque malamente se podrá luchar contra el cambio climático sin replantear un modelo de crecimiento que es el principal causante de ese desaguisado. Y a todo esto con excedentes de producción de alimentos elaborados, supeditación del mercado de las materias primas alimentarias a los abusos de los especuladores y cientos de millones de personas que sufren gravísimos problemas de desnutrición y conforman la geografía mundial del hambre.
Los efectos del paso del ciclón Klaus por Galicia, a finales de enero de este año, todavía son patentes en los montes gallegos. Hasta febrero de 2010 no finalizarán los trabajos de retirada de la masa forestal castigada por la fuerza del viento. Las ayudas de la Xunta a los propietarios de esas parcelas, inicialmente previstas en 2 millones de euros, se han triplicado. Eso sucede en un país en el que tan pr0nto hay un par de semanas de sol y aumentan las temperaturas comienzan a surgir aquí y allá incendios forestales. Galicia cuenta con un potente dispositivo para la lucha contraincendios, pero aún así nada como la lluvia para evitar que los fuegos prendan y se propaguen.
Mantener el dispositivo de lucha contra los incendios es muy caro. Y la asignatura pendiente sigue siendo la prevención. Pero la prevención requiere el concierto de una lógica en la que el monte pase a ser sujeto activo, que no pasivo, de una utilización del mismo en la que se tenga en cuenta el desarrollo de sus usos potenciales con arreglo a criterios de sostenibilidad. Bien es cierto que aún nadie se ha atrevido a calcular los costes de oportunidad que suponen para Galicia tener los montes en la caótica situación actual. Cuando esos montes son, además, la base de un negocio eólico del que los grandes aprovechados son grupos urbanos, incluso ajenos a la industria de los aerogeneradores.
Son cuestiones aparentemente inconexas. Sin embargo están interrelacionadas y precisan que alguien las ordene para visualizarlas y obrar en consecuencia. Mientras no se haga, se seguirán despilfarrando muchos recursos en beneficio de unos pocos y en perjuicio de los demás; el campo gallego continuará a expensas de la leche; y será imposible ir a una economía sostenible.

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