Lunes 22.12.2008
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Sigo en columna de a dos, respondiendo a las consideraciones que mi amigo José Antonio Pérez expuso en su 'Apunte inicial' de anteayer; por ejemplo, aquella en la que pone de un lado a los políticos puros: todos menos el actual y servidor de ustedes, como si ello quisiese decir algo. Como no se lo qué, pero por si acaso, quiero dejar claro lo siguiente: el presupuesto del que yo dispuse no alcanzó los cinco mil millones de pesetas anuales y, de ellos, más de la mitad se los llevaba la Dirección General de Deportes. Al sucederme el señor Barata en el cargo ese presupuesto se quintuplicó, dije bien, se quintuplicó, al tiempo que la Consellería dejó de ser responsable de Deportes. A los seis meses de dirigir el equipo que gobernó la Consellería le habíamos dado una vuelta sustancial a todo; lo mismo que había hecho la mayoría del gobierno del señor Laxe que, a mi juicio, fue el mejor de todos los que lleva dispuesto este país. Se puede discutir, claro. Pero con documentación y datos, por favor. Si no mejor no perder el tiempo. Si acaso y en otro orden de cosas, la primera legislatura del señor Fraga, que puso a Galicia en el mapa político, pueda ser equiparada a los dos años del tripartito. Pero no más. En dos años nadie hizo tanto con tan poco.
Dicho esto, cualquier comparación con los doce meses del señor Varela en el cargo no nos colocan a los dos no políticos de un lado y a los políticos de otro. Solo hay buenos y malos conselleiros. El señor Portomeñe fue, en mi opinión, un excelente conselleiro a la altura de los que no estuvieron los restantes. No es la primera vez que lo expreso. En este sentido recuerdo que fui el primero en criticar severamente la Ciudad de la Cultura y otros excesos del perezvarelato, al tiempo que le defendí públicamente de una metedura de pata como la de Carmiña Burana, entre otras maneras, preguntándole a la intrépida reportera que me entrevistó al efecto si conocía el Catuli Carmina, que no, que no lo conocía, lo que a mi juicio la invalidaba para criticar al señor Pérez Varela por su desconocimiento de la primera parte de los Cantos de Beuron de Carl Orff. Lo recuerdo porque me hubiera gustado poder hacer lo mismo en este caso. Pero no era de recibo. Quiero decir que soy muy mayor y que no me duelen prendas. Recuerdo, a los mismo y oportunos efectos, las críticas vertidas desde el primer momento sobre la labor de la señora Bugallo, cuando aquí nadie decía anda. Véanse las hemerotecas.
Por eso aún se ha de continuar esto mañana, a propósito de masacres y otros eventos mediáticos. José Antonio y los lectores bien se merecen mis explicaciones y no me voy a doler en darlas.

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