Domingo 12.02.2012
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La política es el tablado público donde más se desnudan las miserias humanas. Como que su urdimbre primaria la trenzan las pasiones ligadas a la sed de dominio. Los humoristas, cuyo don es destapar el lado ridículo de las cosas y presentarlo sin hacer sangre, formularon una descripción lúcida de su versión más torpe: "La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados" (Groucho Marx). Los políticos al uso encuentran excitante resolver problemas inventados, y muy aburrido habérselas con los reales.
Para los decepcionados de todo, la política viene a ser una buena salida para que los vivos que no tienen donde caerse muertos miren por sus necesidades y ambiciones personales con la honorable tapadera del espíritu de servicio a la comunidad. Siguen la doctrina de Xoán do Caeiro, el socarrón robapuercos del cuento del olvidado Joselín: "O que non ten oficio, dalgún xeito se ten que valer".
Da en la diana la definición del fundador de los Traperos de Emaús, el abate Pierre: "La política democrática al final se reduce a una cosa: decidir a quién se le quita el dinero y en qué cantidad, y a quién se le da y para qué". Idealismo realista limpio, ético.
La que ahora priva consiste en destinar el grueso de la bolsa común a cebar la satisfacción de los insaciables. Realismo sucio e inmoral.

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