Viernes 06.03.2009
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Teuchitlán está al pie de un lago que, durante el tiempo que permanecí en sus proximidades, era como un espejo gris, unas veces; azul, en ocasiones; salpicado de algodón, en muchas otras. Todo según sus aguas reflejasen la luz del cielo embadurnado de nubes, recibiesen la que les llegaba de las colinas próximas, revestidas de agaves y otros tonos parejos y sencillos, o se apropiasen de lagunas nubes que quedasen rezagadas del frente cálido que nos sobrevoló durante todo el día.
Sobre ese espejo flotaban cormoranes y garzas, pelícanos y otras aves que se me antojaron fénix, no sé si bicéfalos, lo mismo que pudieron ser dragones algunas iguanas que vinieron a observarnos y me parecieron lagartos que, de darte un mordisco, te podrían llevar si no una mano, sí unos cuantos dedos.
Teuchitlán es un lugar hermoso, se diría que sereno, en el que cabe todo el silencio del mundo; o al menos una buena parte de él. El agave, la planta de la que se ha de obtener el tequila y, si entendí bien y de una parte de sus hojas centrales, también el mexcali, el mezcal, trepa por las laderas de los cerros que, así creo entenderlo, ocultan no pocos de los guachimontones, los túmulos que se me antojan funerarios y son pertenecientes a una antigua civilización, anterior a la azteca y a la tolteca.
Están descubriéndolos ahora, dejándolos a la vista. Son conos escalonados e invertidos, de menor fábrica que las pirámides. Creí verlos, todavía ocultos, por toda la orilla del lago, subidos a los cerros, conformando una ciudad enorme llena de templos y de túmulos, de viviendas y de amplios lugares en los que practicar deportes.
No fueron españoles los que acabaron con los habitantes de estos guachimontones. Su desaparición fue anterior a su llegada. No crean que no resulta tranquilizante... Ayer, en San Martín de las Flores El de Abajo, en un centro de la Universidad de Guadalajara, me regalaron una Máscara de Moreno representativa del yugo que ejercieron los españoles sobre los habitantes del lugar. La figura, elaborada en los tiempos de la conquista, fuma un cigarro que representa la autoridad española sobre los indígenas, tiene un lunar que simboliza la viruela, un pulpo y otros bichos que aluden a las enfermedades que los conquistadores les legaron y, por si fuera poco, es de color negro, a fin de reflejar el odio que sienten por nosotros. Una delicia. Para colmo, los bailes con la tal máscara se realizan en honor de San Martín Caballero. Que cada quien establezca la relación que quiera. A mí me tranquiliza que ellos pudieran ser tan brutos como nosotros; es decir, que fuésemos brutos por humanos, no por hispanos.

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