Sábado 25.05.2013
| Actualizado 12.10
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Con el incisivo afilado estábamos, pues, delante del televisor, pensando en lo bajo que había caído el macarrilla aprendiz de James Dean en Malas tierras o el peculiar presidente demócrata del Ala oeste de la Casa Blanca, y también en lo imbéciles que solemos ser los españoles, que siempre nos dejamos seducir y camelar rápidamente con todo lo que huele a made in USA, cuando de repente, pasados ya más de 30 minutos del metraje, nos descubrimos enganchados a un film que se deja ver de una forma agradable y que resulta bastante ameno y resultón. Y es que The way no es una excelente película, ni siquiera alcanza la calificación de buena por culpa de algunas escenas chirriantes, pero sí es digna y tiene la extraña virtud de mantener un tono neutro gracias al cual los protagonistas no se convierten a una fe inquebrantable por el mero hecho de recorrer la Ruta, ni ven la luz eterna, ni acaban autoconociéndose a sí mismos, ni caen en pesadas neuras místicas, ni siquiera corrigen sus gulas o vicios pese a los propósitos de enmienda. Son tipos normales al empezar y acabar un peregrinaje que, eso sí, les sirve para reflexionar sobre la amistad, la vida que pasa, las complicadas relaciones entre padres e hijos y la maldita incomunicación real en la era en la que todo el mundo presume de tener cinco mil amiguetes en Facebook.
Sí, The way no es, en absoluto, una gran película, pero hay que reconocer que los jodidillos yanquis tienen un talento cinematográfico especial para espolear sentimientos y sensaciones. Por contra, algunos nos imaginamos a Pedro Almodóvar dirigiendo ese film o a Penélope Cruz interpretando el papel de peregrina y nos entran sudores fríos. Uf. Uffff. Uffffffff.

25.05.2013
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