Viernes 06.03.2009
Hemeroteca web
|
RSS

LA OSCURIDAD que se cierne sobre algunos lugares de conflicto (Siria, ahora) se combate con periodismo. Con la visibilidad. No es que el periodismo soluciones guerras, ni ponga fin a matanzas, pero ayuda a conseguirlo. Por supuesto, los testimonios independientes suelen ser incómodos para quien no está interesado en que se vea lo que ocurre, pero esta es, de todas, la misión más loable de una profesión tan hermosa como injustamente tratada. La visibilidad es hoy la televisión: por eso la oscuridad, aquel lugar al que no llegan apenas las cámaras (salvo algunas clandestinas), se convierte a menudo en un terreno abonado para el terror y para toda clase de tropelías. Las guerras olvidadas, y en África saben mucho de eso, han provocado enormes y crueles matanzas ante la indiferencia de algunos y a causa del desconoci-
miento de muchos. No hay mayor impunidad que lo que sucede envuelto en las tinieblas. Pensé en eso, ahora que vemos muy poco de lo que sucede en Siria. Ya hemos dicho más veces que, a pesar de vivir en la edad de la información, no podemos aspirar a que las decisiones internacionales, lo que ocurre en las altas esferas, llegue siempre a los ciudadanos. Hay niveles de información, sin duda, y las líneas rojas del planeta están a menudo vedadas a nuestros ojos. Por eso defendía aquí informativos como los de Televisión Española, su gran cobertura, su ex-
traordinario equipo de corresponsales, aunque pueda resultar caro. Claro que hoy se puede obtener información de muchas formas, pero me parece que el periodismo de calidad no es gratuito. Estamos demasiado acostumbrados a creer que la información llega sola, y que da lo mismo cómo esté escrita o contada. No me parece mal que, con criterios de calidad, la información o la cultura nos cueste dinero. Mejor eso que otros dispen-
dios que alimentan menos el espíritu humano y el conocimiento.

Vómitos en el casco viejo santiagués
Fuente que no mana en Compostela
El río Sarela recibe vertidos blancos
Un cajero compostelano pintarrajeado