Viernes 06.03.2009
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ESTAMOS contemplando en esta gran plaza de pueblo que es actualmente España dos muestras de ese juego tan típico y tradicional como es el denominado tirar de la cuerda, en el que, como se sabe, los de un bando tratan de arrastrar a los del otro, tirando cada uno por su lado, para obligarle a cruzar la línea divisoria dibujada en el suelo. Es una cuestión de fuerza. En algunos casos, son los mozos (o mozas) de un pueblo los que retan a los de otro vecino; entonces la lucha es más feroz, dura más y los dos bandos terminan derrengados, aunque -eso sí- nunca hay empate. Este es un juego en el que siempre hay un triunfador y un vencido.
Algo parecido ofrece el panorama político español en estos días. Unos juegan con la urgencia de lo inmediato, aparentemente a la vista de todos, tirando de la soga todo lo que pueden desde cada lado. El resultado lo veremos entre el 3 y el 5 de febrero, fechas en que el PSOE celebrará su 38 Congreso Federal. A una banda está Carme Chacón y su equipo; en la otra, Alfredo P. Rubalcaba y el suyo. Es la lucha por el poder en el partido. Cuentan y recuentan sus huestes; están muy nivelados; la soga, muy tensa, tan pronto se desliza a favor de uno como del otro. Se sonríen, mas son risitas de hienas. Saben que el que caiga arrastrado no sobrevivirá. Para los de Rubalcaba, a la Chacón le falta todavía un hervor, y eso que la muy cuca no ha dudado en ponerse faldas para borrar aquella ridícula imagen de un día de la Pascua Militar, en la que apareció disfrazada con un esmoquin carnavalesco. Tirando de la soga, detrás de ella, está el hábil y astuto Miguel Barroso, su marido, que se mueve muy bien en los círculos de la comunicación.
Chacón tiene su mérito: no ha hecho muchos enemigos; ahora, según como termine el juego, le pueden brotar como hongos. La guerra es siempre implacable y ya se encargará el zorro Rubalcaba de alimentar a las alimañas. Es lo suyo; es un viejo embaucador, conocedor como pocos de los albañales de la política. ¿Quién ganará? Sea uno o sea otro, con tales mimbres no logrará el PSOE rehacer el cesto de un nuevo y gran partido socialdemócrata, como demanda el interés nacional. Los dos son radicales y sectarios, cómplices y coautores de la mala administración de Zapatero, al que harían bueno si alguna vez -que lo dudo- llegaran a gobernar. Sobre las cenizas del 20-N no se puede construir nada.
Los otros que juegan a tirar de la soga están todavía en los prolegómenos. Ni tan siquiera han enseñado las uñas. Las discrepancias llegarán a goteo, sin brusquedades y sin mojar excesivamente al contribuyente. La línea divisoria entre los contendientes es muy tenue. La cuestión está en quién dirige la orquesta económica del Gobierno, un excelente conjunto, con intérpretes de primera categoría en todos los instrumentos y niveles. Algunos han sacrificado incluso posiciones privilegiadas en la empresa privada, en la que ganaban cuatro veces más de lo que van a ganar ahora; otros, los más, forman parte de la élite funcionarial, con acreditada solvencia en el servicio público, y en todos, un historial académico que respalda su cualificación técnica. Juntos forman esa orquesta que España necesita para dar un buen concierto en Europa.
Pero se notan ya algunas disonancias. Una orquesta no puede tener dos directores dirigiendo al mismo tiempo. La buena intención de Rajoy de asumir él la batuta no es suficiente. Tanto Montoro, el ministro de Hacienda, como De Guindos, de Economía, son dos distinguidos tecnócratas con largo recorrido político que tratarán de imponer un particular ritmo, estilo, tempo y matiz a la andadura para salir de la crisis e ir perfilando las cuadernas de la futura nave del Estado para un país en crecimiento. Rajoy estará necesitado muy pronto de alguien con autoritas que le dirija en el día a día la orquesta económica con unidad de criterio. No debe esperar a que lleguen a plantearle crudamente el juego de tirar de la soga. Sería un suicidio.
Estas son las dos cuestiones que resaltan en este momento en el panorama político español. Una es de vuelo corto, que no le resolverá al PSOE la falta de un liderazgo firme y con credibilidad, lo que es de lamentar La otra, no es nada más que un apunte, un inicio de un juego peligroso con fácil remedio.
Abogado

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