El Correo Gallego

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RAMÓN BALTAR

Y todos tan contentos

07.05.2010 
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La primera ronda de las elecciones al rectorado trajo sólo dos certezas cantadas: que el ser mujer no ayuda para vestir la muceta y que los estudiantes están convencidos de que el cambio en el puente de mando no afecta en nada a sus intereses.

Que no pasara a la final ninguna mujer puede que se deba a que su presencia entre el profesorado es tan alta y aceptada como normal, que sus colegas no tienen conciencia de que merezca un trato preferencial su aspiración a desempeñar cargos directivos. Cuando se trata de elegir entre iguales en régimen de libre concurso no aplica el controvertido concepto de discriminación positiva, una paparrucha demagógica que hace muy flaco favor a la justa causa feminista.

La escasa participación de los estudiantes no necesita tampoco de mucha explicación teórica. El presente oscuro y las negras perspectivas de futuro profesional no son las condiciones ideales para que se interesen por la marcha de una institución que en absoluto les va a garantizar lo que más ansían: que sus títulos les abran las puertas a un puesto de trabajo bien remunerado y de camisa blanca. Aquí no se estudia carrera universitaria para prepararse para la vida sino para alcanzar una buena.

La campaña electoral no ha conseguido despejar la duda sobre la razón del desmesurado número de candidatos, hecho sin precedentes que nos singulariza para mal ante todo el país. La universidad está inventada desde hace mucho tiempo, por lo que es imposible imaginarse siete modelos diferentes y bien estructurados.

La rectificación que urge hacer en la USC no cabe reducirla a cuestiones de estilo de gobernar y retoques cosméticos sobre las verrugas. Pide cirugías mayores.

Profesor titular de Latín