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{ tribuna libre }

TORCUATO LABELLA

¿Discriminación de los gitanos?

15.04.2015 
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EN LA provincia de Huelva hay un municipio que se llama Gibraleón. Allí, desde los siglos XIV y XV habitan unas familias a las que les dicen “los negros”. Y no se trata de un apodo, porque estas familias provienen de negros libertos que se establecieron en la mencionada localidad onubense. Y en efecto, tienen algunos rasgos faciales propios de las razas africanas, pero su tez es blanca o si acaso de un moreno indistinguible del que portan muchos habitantes originarios de la península ibérica. Esto se debe a que a lo largo de los siglos se ha producido un fenómeno de mestizaje con los otros habitantes del lugar.
Las costumbres, la forma de hablar y de sentir de “los negros” de Gibraleón es indistinguible de sus otros paisanos. En otras épocas estuvieron relativamente discriminados, pero desde hace mas de cien años son como el resto de los vecinos de la comarca.
A mediados del siglo XVIII, en la época de Carlos III, había grandes territorios deshabitados en Andalucía en las estribaciones de Sierra Morena. El monarca, por consejo de Campomanes y a través de Olavide, procedió a repoblarlos. En lo que hoy son las provincias de Jaén, Córdoba y Sevilla se crearon las que se llamaron las Nuevas Poblaciones siendo las más conocidas La Carolina, La Carlota y La Luisiana. La repoblación se llevó a cabo con campesinos suizos, flamencos y alemanes. Hoy no es raro ver altos lugareños de tez blanca, rubios, fornidos y de ojos azules, que parecen salidos de la Europa Central y que son los descendientes de aquellos colonos. Tienen la misma forma de hablar, las mismas costumbres y sienten igual que los habitantes originarios de las comarcas andaluzas.
Tanto “los negros” de Gibracolonosleón, como los descendientes de flamencos, alemanes y suizos se integraron completamente y desde hace muchísimos años constituyen parte del mismo pueblo.
Los gitanos llegaron a lo que hoy es España a principios del siglo XV y se dispersaron por toda la Península Ibérica. Sin embargo, al contrario que “los negros” de Gibraleón y que los centroeuropeos del norte de Andalucía, siguen viviendo en clanes cerrados, siguen manteniendo sus costumbres y aplicando –muchas veces de forma tolerada por las autoridades- sus leyes, que no en pocas ocasiones chocan frontalmente contra de las que rigen legalmente en toda España: por ejemplo, la ley del destierro por medio de la cual, un sujeto o una familia debe abandonar su domicilio y trasladarse lejos. Esta ley la aplica su “rey” o el consejo de ancianos (o de lo que fuere). Los gitanos están orgullosos de sus costumbres y de su forma de ser. Manifiestan a menudo cierto desdén cuando no despreció por los que ellos llaman “payos”, que somos los que no pertenecemos a su raza. Toleran malamente el matrimonio de una gitana con un “payo”. Naturalmente, tanto desde el punto de vista individual como en grupo pueden pensar como quieran, aunque esto contribuya a que se segregen de sus vecinos
Sin lugar a dudas en otros tiempos los gitanos estuvieron discriminados, pero nadie puede decir que en la actualidad lo estén por el mero hecho de serlo. Yo provengo de una zona de España en donde los gitanos son una parte relativamente importante de la población y no recuerdo jamás que fueran discriminados ni en el trabajo ni en ningún otro orden de la vida. Tuve algunos compañeros gitanos durante el bachillerato y no es que lo consideráramos unos más, es que ni siquiera destacaban en ningún sentido por ser calés.
Por eso me llama la atención en pleno siglo XXI las declaraciones de Doña Isabel Suárez, coordinadora del equipo de la Fundación Secretariado Gitano de Santiago en las que manifiesta, según EL CORREO GALLEGO, que “la comunidad gitana sigue siendo de las más discriminadas de España y de Europa”.
Sé que no es política y ni socialmente correcto pero yo le preguntaría a Doña Isabel, qué ha hecho el pueblo gitano para integrase con el resto de las naciones de Europa en los cinco o seis siglos que llevan en el continente. Cómo después de mas de medio milenio, sigue habiendo en España, en Portugal, en Francia, en Italia, en Alemania, en Rumanía… una “comunidad” gitana que no se ha integrado con el resto de la población de estas naciones. Si los gitanos no se han integrado en ninguna nación europea, es difícil pensar que la culpa sea solo y exclusivamente de los autóctonos de todas y cada una de las naciones.
Todo el mundo es libre, individual o colectivamente, faltaría más, de llevar el estilo de vida que quiera y aceptar o no las costumbres de un territorio y sus habitantes, pero en el grado en que se haga se producirá una mayor o menor integración con la población autóctona.