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RESEÑA MUSICA

RAMÓN G.BALADO

Totklalova-Barylick, pianistas ucranianos

03.11.2015 
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Encuentro en una matinal de Escuela Berenguela para presentarnos a dos pianista ucranianos con residencia en Santiago, por mediación de Alexander Gold, maestro suyo y seguidores ambos de su escuela. Su caso es el de algunos que comienzan a ser patrimonio vivo de nuestra ciudad. Los pianistas venían siguiéndole desde hace tiempo y la definitiva confluencia se hizo posible entre avatares de ida y vuelta. Un idilio musical que servirá de puente para que ellos prosigan su ampliación de estudios, aunque este resulte un apartado para tratar en otro comentario.  De momento  les tendremos entre nosotros repartiendo su tiempo entre la docencia y las atenciones de quien es su maestro. Son ellos Aleksandra Totkalova y Vitalii Barylick, a quienes escuchamos en un concierto que nos descubrió a dos intérpretes de excelente escuela por los programas propuestos por ambos y fue ella, por deferencia de su compañero, la encargada de enfrentarse al programa elegido, comenzando por el Preludio Op. 23 nº 2 de Sergei Rachmaninov antes de entrar de lleno en la Sonata n 21 en Do M. Op. 53 de L.v. Beethoven, en un ejercicio pianístico que nos mostró de pleno el dominio de las dificultades mecánicas, un aspecto que con intuición observaría Boucourechliev: no nos quedamos sólo con esa parte técnica, sino mejor aún con la trascendencia de su pensamiento musical, en su necesaria comprensión.   Chopin también en su Balada nº 1 en sol m. Op 23, que desde su Moderato inicial nos adentro en sus complejas dificultades hasta desembocar en el Presto con fuoco. El meditativo Estudio sexto del Op. 25, permitió un reposado silencio antes de entregarse al Prokofiev de la Toccata  Op 11, exhibición de dinámicas de pura acción física en toda su extensión.

Su compañero, Vitalii Barylick, ajustó su programa por premuras de tiempo, renunciando a la anunciada Sonata nº 30 en Mi M. Op. 109 y cediendo ese espacio a una Ciaccona de J.S.Bach en la visión de Ferruccio Busoni, un compositor-recreador que no dudaba de su derecho a intervenir sobre cualquier escritura en amplio abanico desde los barroquismo bachianos hasta Beethoven o Liszt.  También un Estudio de A.Scriabin, en este año de su centenario y que viene a confirmar la definitiva aceptación de su pianismo, a raíz del interés demostrado por los Alexander Goldenweiser, Samuel Feinberg, H.Neuhaus, W.Sofronski o W.Horowitz.  Bien está que un joven talento procedente de tales escuelas nos participe parte de su legado. Algo recibió Scriabin de Chopin y Liszt y del húngaro, una de sus labores especulativas, en el mejor de los sentidos, el Vals Mefisto. Vitalii supo cerrar el círculo de su propuesta por los compositores que eligió, bastará con recordar la forma en cómo Feruccio Busoni quiso mantener vivo el concepto lisztiano de perpetuo redescubrimiento del valor emotivo originario de la música.