Viernes 06.03.2009
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Trama sobre trama. Sí. Lo siento, pero es así como veo lo que sucede con el trámite judicial del caso Gürtel. Una trama de corrupción que cada vez alcanza más dimensión y se evidencia más, pero cuya investigación y enjuiciamiento, sin embargo, podrían quedar en nada. Como en su día quedó otro caso, el Naseiro. La persecución judicial que se realiza contra el juez instructor, la transparencia discursiva de la presidenta del Partido Popular de Madrid, las diversas personaciones en el procedimiento e incluso los bien medidos silencios de Federico Trillo, abogado amañador donde los haya, hacen temer que, efectivamente, todo puede quedar en nada gracias al eficaz manejo de las rendijas del sistema judicial español y, sobre todo, de sus órganos de gobierno. Si tal cosa se consumase, sería muy grave. Primero, porque se confirmaría lo que ya muchos españoles saben o sospechan: que en asuntos de Justicia la suerte tiene nombres y apellidos; que no es sólo la ley -un texto quizá imperfecto-, la guía de actuación del juzgador -quizá menos independiente de lo que dice y debería ser-; que un abogado listo, siempre amparado por la regla simple de ser fiel a los intereses de su cliente, que por muy legalmente discutibles que sean él no juzga, puede enderezar o torcer, según le convenga, el guión de los hechos. Que cualquiera, en fin, que tenga amigos o dinero, puede eludir la condena de sus pecados. En esto ningún españolito va de frente ni a pecho descubierto, ya no digo que para eludir condenas, sino incluso para reclamar derechos. Para el común de ellos el de la Justicia es un mundo de triquiñuelas, en el que todo es posible si el jugador es suficientemente hábil. Y esto, que no las críticas, es lo que pone en cuestión la autoridad de los jueces, dicho así, en general, para no estirar el dedo contra nadie. Además, y por si todo lo dicho no fuese ya suficientemente grave, si los confabulados ganan esta nueva batalla judicial, volverían a lograr, otra vez, la impunidad de los delincuentes que operan en los intersticios de la política, porque otra vez se trata de agachar trampas urdidas en sus sombras. Así, dos de los principales poderes del Estado quedarían enfangados en lodos espesos, oscuros, malolientes e insanos. Y la ciudadanía indefensa, ante el deterioro corrosivo de los pilares de la democracia.

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