Viernes 06.03.2009
Hemeroteca web
|
RSS

LOS HECHOS acaecidos en Túnez no han dejado a nadie indiferente. Las que yo llamo "lecciones de Túnez" bien podrían denominarse "las lecciones de Bouazizi", pues ha sido este licenciado de 26 años, Mohamed Bouazizi, a quien la Policía usurpó su humilde puesto ambulante de verduras y quien se suicidó a lo bonzo en señal de protesta, quien me ha hecho tomar nota de hasta qué punto el azote del desempleo, unido la absoluta falta de libertad, pueden llegar a provocar en el ser humano acciones desesperadas como las de inmolarse o quemarse vivo, que no implican sino impotencia y frustración. Esta sería la primera lección.
Segunda: los antiguos métodos políticos contra las tiranías no funcionan. Véase, por ejemplo, lo incapaces que han sido durante décadas ésos que ahora exigen democracia y aspiran a inmiscuirse en la zona, como la Unión Europea o Estados Unidos.
Tercera: un amigo mal elegido se te puede volver en contra como testigo. Los gobiernos occidentales que apoyaron durante años la gestión de Ben Ali por su mano dura contra el islamismo, ahora son acusados, con razón, de cómplices de la represión.
Cuarta: la cooperación individual, espontánea y popular se ha convertido en un eficaz método de resistencia. El que una revuelta ciudadana haya llegado a derrocar a un dictador árabe era algo impensable hasta hace unos días.
Quinta: se demuestra que las nuevas TIC (Internet y la TV vía satélite) y sus plataformas asociadas (redes sociales, blogs, sms, etc.), son más eficaces que las estratégicas gubernamentales de desinformación (censura, coerción, aislamiento o adoctrinamiento).
Sexta: las protestas generadas por desobediencia civil o acción solidaria tienen un efecto potencialmente contagioso en sociedades con circunstancias vitales semejantes. Obsérvese la reciente cadena de intentos de suicidio por todo el norte de África y la reacción ciudadana. Entiendo que Uld Abdelaziz en Mauritania, Hosni Mubarak en Egipto, Muammar al-Gaddafi en Libia, Bashar al-Assad en Siria, Abdelaziz Bouteflika en Argelia, o el propio Mohamed VI en Marruecos estarán poniendo "sus barbas a remojar".
Séptima: a veces seis meses (que es lo que tardarán en celebrarse las elecciones que decidirán el nuevo Gobierno tunecino) pueden hacerse más largos que 23 años de opresión (el mandato superado por Ben Ali).
Octava: cuando el descrédito político es manifiesto, las promesas de los líderes pierden valor (nada de lo que diga el Reagrupamiento Constitucional Democrático (RCD) es ahora creíble, y el resto de las formaciones, ya sean islamistas, comunistas, progresistas demócratas o reformistas liberales, deben ser escuchadas).
Novena: un Ejército responsable, independiente y cercano, como el tunecino, de sólo 35.000 hombres y enfrentado durante años al régimen y a la Policía que lo cuadriplicaba, es un baluarte para la población de cualquier país.
Décima: no hay mejor forma de luchar contra el radicalismo que fomentando la educación, la sanidad, el trabajo, la familia y la libertad democrática.
www.josemanuelestevezsaa.com

Vómitos en el casco viejo santiagués
Fuente que no mana en Compostela
El río Sarela recibe vertidos blancos
Un cajero compostelano pintarrajeado