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Viernes 06.03.2009      Hemeroteca web  |  RSS  RSS

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ABEL B. VEIGA COPO PROFESOR UNIVERSIDAD DE COMILLAS

el análisis

Un amago de cambio

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Sólo un amago, tímido, probablemente bienintencionado, pero poco efectivo, aun esperándonos al umbral de una década como vaticina el presidente que hasta ahora siempre yerra. Sobran promesas, todo está ya muy visto. No es la primera vez, tampoco para el actual presidente. Nada nuevo para el Gobierno, para la economía y para solucionar la crisis. En 2004 se prometía ya en ese cambio de modelo. Ha llovido mucho desde entonces, y también hemos visto mucho, sobre todo carencias y debilidades, también medias verdades. Falta audacia, liderazgo pero sobre todo, conocimiento y credibilidad. Las reformas no llegan, son parches, remedos, pero falta profundidad, falta calado. El Gobierno trata de acallar críticas, pero lo hace con meras piruetas y leyes cajón atrapalotodo o de sastre. Se mezclan cosas, medidas y propuestas en un todo vale que sólo busca aparentar. Demasiado pretencioso el título. Hace falta algo más que márquetin cosmético, empezando por pedagogía para explicar la propia ley. Mal vamos si apelamos a que no es una ley franquista. Sobra demagogia y falta convicción, garra y coraje para hacer y enderezar un rumbo perdido entre negaciones, mentiras y remedios ineficaces amén de despilfarro. Es tarde para mirar atrás, al lado vano del reproche. Es lo que hay y estamos en la situación que estamos, pero son palabras mayores cambiar el modelo productivo de un país de la noche a la mañana.

No solucionará la crisis modificar la ley de sociedades y mercado de valores para que se informe al accionista o socio de la retribución de los consejeros, ya se hace, cuestión distinta es recortar éstas. El recorte de plazos de constitución de sociedades mercantiles ya existe en nuestro ordenamiento jurídico respecto de la Limitada Nueva Empresa, auténtico fracaso. Algo que no es cometido de una ley como la que se propone. Se habla de austeridad pública, pero entonces ¿por qué hemos consentido el dispendio?, o ¿quién garantiza el aplazamiento de pago a los proveedores de los entes locales? ¿tal regulación cambiará el modelo productivo y por antonomasia económico? La sostenibilidad económica y del modelo es algo distinto. Es estructural, también coyuntural en el choque, el contraste, pero siempre a medio y largo plazo.

Hace falta la energía del bisturí, de la reforma en profundidad del mercado laboral. Eliminar la precariedad ante todo, facilitar el despido pero sin desnudez de derechos, flexibilizar los horarios y el Estado detrás y delante con su apoyo social y político. Es la única manera de atajar la sangría hemorrágica del desempleo. Desde la sensatez y el sacrificio, el diálogo y la concertación, sin que nadie se cuelgue ufanas medallas. Aquí todos pierden o todos ganamos. Un país con casi tres millones de funcionarios, más de cuatro y medio de parados y subiendo y más de siete de pensionistas tiene un gravísimo problema de futuro. No hay arcas que aguanten tal vendaval. Ya no es tiempo de buenas intenciones, sino de realidades. Que no se implementan de la noche a la mañana, pero menos sin arte ni son, concierto y cabeza. Competir tecnológicamente no implica más placas fotovoltaicas, sino atraer la investigación, robustecerla, mimarla, crearla y favorecerla desde la educación, desde la universidad, las empresas, los centros privados. La economía sostenible es algo más que energías limpias e Internet. Un país que lo ha apostado todo al sector inmobiliario y al turismo a través de un hiperinflacionado mercado de servicios tiene un problema de músculo empresarial y tejido industrial. Todo está ya demasiado visto y explotado. La cuestión es que se acabaron las ideas en este país hace demasiado tiempo ante la pasividad de todos. Es nuestra penitencia activa.

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