Viernes 06.03.2009
Hemeroteca web
|
RSS

HAY CAMBIOS en los informativos, para empezar el curso (todo empieza en septiembre): aunque no sé si importan. Quiero decir que lo importante sería que cambiara la realidad, no los que la cuentan. Pero la televisión cree en el poder de los rostros, en el timbre de la voz, en la química de las pasiones, que decía el gran Luis Mariño. Entonces la realidad es sólo una vocecita en la tarde. Los que saben de televisión (hay gente que sabe de esto) miden la energía de una mirada, el poder de una mandíbula, el calor de una dicción. Es maravilloso. Me gustaría que estos presentadores tan brillantemente preparados, tan cuidadosamente escogidos, no tuvieran que contar tantas desgracias. Pero es lo que hay. Preparas un set con los azules de temporada, con los verdes de laSexta, con los tonos rojizos de Cuatro, buscas un diseño futurista, una cabecera impactante, un vestuario a la última, una mirada que enamora, una voz de terciopelo: y de pronto llega la realidad con su cotidiana carga de tragedia, con su ruido brutal y formidable, con su oscuridad. Y no bastan todas las luces del telediario para iluminar el mundo. Y no bastan todos los ojos azules, ni los bronceados, ni las corbatas de colores amables, ni el gracioso montaje, ni las bromas del fin de semana. Pero, aun así, cambian los informativos. Cada determinado tiempo nos encontramos a los presentadores aquí y allá, porque el mercado es libre y las televisiones fichan buscando la estrella que marque las distancias. Luego llega uno de la cantera, como pasa a menudo, y se revela como el nuevo rostro triunfante. Telecinco se ha llevado a David Cantero: es decir, todo un anchorman de la competencia. Pero Televisión Española, que lidera los informativos con soltura (y el resto de la programación, también), ha buscado la solución en su propio banquillo: Marcos López.

Vómitos en el casco viejo santiagués
Fuente que no mana en Compostela
El río Sarela recibe vertidos blancos
Un cajero compostelano pintarrajeado