Jueves 23.05.2013
| Actualizado 14.52
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LA universidad gallega inicia el curso viviendo, como la sociedad en general, la dureza de una crisis económica que, más allá de sus efectos inmediatos, genera un estado de desesperanza preocupante. Quien estudia ve, ante sí, un futuro gris y el que se dedica a la docencia y a la investigación participa de semejantes sentimientos. ¿Podemos iniciar así un nuevo curso? Evidentemente debemos de intentar superar una situación anímica de estas características. El futuro lo construimos entre todos y, si nuestro trabajo se desarrolla de la forma más idónea, estaremos contribuyendo a la generación de una sociedad más competitiva y fructífera.
La consecución de una docencia e investigación de óptimo nivel ha de ser el objetivo común de quienes nos dedicamos a tales menesteres. Y los alumnos también deben de estar a la altura de las circunstancias, en lo relativo al logro de la mejor preparación que puedan adquirir. Y es que está en nuestras manos la construcción de una Universidad de la que todos nos sintamos orgullosos. Somos dueños de un destino común y no podemos delegar a la hora de conseguir las correspondientes metas. Es ésta una tarea en la que se conjugan esfuerzos, y logros, individuales con otros de naturaleza colectiva. Y en ambos órdenes debemos de hacerlo lo mejor posible, desde la convicción de que lo que somos, y lo que podemos ser, no lo marcan tanto evaluaciones externas como la propia convicción del deber cumplido.
Catedrático de Arte

23.05.2013
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