Viernes 06.03.2009
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En realidad, Cospedal y Montoro han expresado algo que ya se suponía. Desde que empezó el baile de las cajas, eran visibles los guiños que se dedicaban socialistas y populares sobre el particular. Más que amor, había interés compartido en un diseño que troceaba el poder financiero, pasando por encima de incómodos regionalismos. Se trataba, en suma, de aprovechar la crisis para formar grandes emporios cajeros, con padrino político.
El aterrizaje de Rodrigo Rato en Caja Madrid sólo se entiende dentro de este guión. Un señor de todopoderoso pasado político y financiero no se apresta a comandar una caja, a menos que sea el gérmen de algo grandioso. Su figura es coherente con unas futuras cajas convertidas en bancos con otro nombre, y emancipadas de su incómodo anclaje regional.
Esta coincidencia entre las cúpulas del PSOE y el PP puede resultar rara a quien sólo vea la diarias escaramuzas entre Gobierno y oposición. En cambio le resultará familiar a los que contemplan estas cosas con perspectiva histórica. Así por ejemplo, el actual Estatuto de Galicia es consecuencia de una rebeldía contra un pacto similar que UCD y el propio PSOE establecieran para limitar la autonomía galaica.
El paralelismo con lo que está sucediendo ahora parece claro. Existe sin embargo una diferencia en las reacciones que se producen en Galicia. Por aquél entonces, la respuesta fue unánime y en el socialismo gallego se alzaron voces contra el intento de discriminar nuestro Estatuto. Ni esa unanimidad existe a día de hoy, ni el PSdeG tiene el coraje que tuvo entonces.
Blanco, Salgado y hasta el mandado Zarrías doblegan sin problemas a Pachi Vázquez, convertido en un delegado del Gobierno bis. Poco puede hacer contra la presión gubernamental un líder precario, convaleciente de una reciente derrota y sometido a las tensiones localistas de sus (el posesisvo es figurado) alcaldes.
La Xunta en cambio resiste. Las posiciones de Cospedal y Montoro tienen una parte mala y otra muy buena para el presidente de la Xunta. Como esos escáner que van a poner en los aeropuertos, desnudan las incongruencias del PP en un asunto no precisamente futil. Pero también son la prueba de que Feijóo no siguió para nada los dictados de Génova, tal y como reiteraba el famoso estribillo.
Si la doctrina oficial del Partido Popular sobre las cajas, es la que se plasma en el documento que se llevó a la reunión de los pactos económicos, no hay más remedio que admitir que don Alberto está siendo un disidente al apostar por una fusión interregional y el veto a las SIP. El sambenito que lo presentaba como un político manejado con mando a distancia, queda sin punto de apoyo visto lo visto.
Al margen de cuál sea el desenlace final, la batalla de las cajas va a ser lo que fueron para Manuel Fraga la Administración Única y los flirteos con Fidel. El símbolo de la emancipación. Don Manuel se sacudió el fantasma de su pasado, y este presidente, el tópico de que mira hacia la Meca madrileña.
Cospedal y Montoro confirman que en el origen de todo esto hubo un entendimiento de socialistas y populares, un reparto de zonas de influencia cajeras, una LOAPA financiera que no contemplaba fusiones enxebres a lo Feijóo. El gallego dijo no, y emprendió un camino diferente. Pachi acató y su voz se confunde inevitablemente con la del Gobierno. Al presidente le regalan otra investidura.

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