Jueves 23.05.2013
| Actualizado 14.52
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EMPEZABA a escribir un comentario sobre la reunión que tendrán mañana en La Moncloa el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, y el presidente de la Generalitat, Artur Mas, que se ha tirado al monte del radicalismo secesionista, cuando sonó el teléfono para darme una noticia urgente, me subrayan al pasarme el recado de la llamada. Un entrañable amigo, que vivió con Esperanza Aguirre y conmigo momentos muy gratos del hacer administrativo en el campo del turismo, está al otro lado del hilo telefónico y me da el notición: "Lo acaban de dar en la radio y me lo han confirmado en Génova; ...después de una entrevista con Mariano esta misma mañana, Esperanza ha dimitido de todos sus cargos en la Comunidad;... un bombazo, oye;... si era la que tenía las ideas más claras sobre las autonomías;...sigo sin entender a Rajoy;.. Esperanza era el contrapeso desde dentro de las autonomías frente a los separatismos...".
Escucho, sorprendido, a mi amigo, que continua con su perorata y a veces desbarra. Más tarde me aclaran los detalles de la despedida pública de Esperanza, su sentida emoción. A mi me gustaría conocer el contenido de la conversación entre ella y Mariano en ese crítico instante de la dimisión, porque en política siempre hay un porqué que se nos escapa y oculta y que sólo la historia reconstruye a posteriori.
Aunque, al parecer, la idea de las dimisión ya se rumiaba en el magín de Esperaza, supongo que cansada de tanto bregar en su defensa del liberalismo democrático, uncido al carro de la unidad de la nación española, no puedo eludir que se me crucen los cables y que relacione la dimisión con la entrevista de Mariano con Mas.
Y a este respecto viene a mi memoria la recomendación que hace Maquiavelo al príncipe: "Debe ser más temido que amado", cuando así lo exijan, añado yo, circunstancias de turbulencia en el buen orden de la nación. Pienso que la duda,, la incertidumbre, el no saber qué hacer, llevan directamente al desprestigio y a la pérdida del poder, y pienso que la esperanza es la antesala de la confianza. Pienso que la acción de gobierno debe estar perfectamente perfilada y que la improvisación conduce en la mayoría de los casos a errar en el tiro. Y pienso, por último, que cuando está en juego la existencia misma de la Nación, no ha lugar a templar gaitas ni a condescendencias; es el momento de la mano dura y el verbo -el discurso- tan cálido como claro y transparente, y tan frío como firme, consistente e imperturbable. A Mas ni pacto fiscal ni secesión. ¡Ya está bien de chantajes chulescos y de limosneos chanchulleros!
Se va Esperanza, pero queda su ejemplo, su bien hacer en la política y en la Administración pública, su claridad de ideas, su liberalismo democrático, su gancho electoral, su apabullante sinceridad, su popularidad, su honorabilidad, su coraje, su simpatía y su señorío. No se va del todo, pues la política forma parte del riego sanguíneo de su personalidad, pero deja -de momento- un espacio político vacío de liderazgo. Ella entendía -entiende y siente- que el bien social es la razón final -primera y última- de la política.
Abogado

23.05.2013
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