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LA OTRA JUGADA

VÍCTOR TOBÍO

Utilización partidista

08.10.2017 
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RABIA, IMPOTENCIA, desasosiego, frustración..., estos y algunos otros fueron los sentimientos que muchos barcelonistas tuvieron la jornada del pasado domingo ante las noticias que a media mañana comenzaron a saltar en los medios de comunicación al conocerse la intención de la directiva azulgrana de suspender el partido ante la UD Las Palmas. Al menos eso fue lo que sintió un barcelonista como yo que pensaba que ya habíamos tocado fondo a nivel de bochorno con la espantada protagonizada por el equipo en abril de 2000 cuando se negó a disputar una eliminatoria de Copa ante el Atlético de Madrid alegando falta de efectivos, Por cierto, con Pep Guardiola de capitán y al que le tocó hacer el paripé de dirigirse al árbitro para anunciarle que no jugarían. Ahora, diecisiete años después, los directivos azulgranas han hecho bueno a José Luis Núñez, el por aquel entonces presidente, superándole en lo que a ridículo se refiere y colocando al equipo al pie de los caballos ganándose la animadversión en la mayoría de los campos que han de visitar. Resulta curioso comprobar como el actual presidente del Barça. Josep María Bartomeu, que llegó al cargo de rebote, tras la fuga del hoy encarcelado Sandro Rosell, siendo, eso sí, ratificado luego en unas elecciones que ganó de calle, hizo lo imposible porque el partido ante los isleños no se disputase corriendo el riesgo de que el equipo fuese sancionado con la pérdida de seis puntos. Aquí estuvo el quid de la cuestión y encima le quiso echar el muerto a los jugadores a los que reunió momentos antes del partido para que conociesen la actitud del club y que fuesen ellos los que finalmente decidiesen. Y así lo hicieron, por amplia mayoría dispusieron jugar, y solo unos pocos, entre los que se encontraban Piqué y Sergi Roberto, abogaban por no hacerlo. A Bartomeu se le llenó la boca afirmando que el partido no debería celebrarse para "enviar un mensaje al mundo" sobre lo que estaba sucediendo en Cataluña con las cargas de las fuerzas del orden, olvidándose de decir que lo que estaba sucediendo era que un gobierno autonómico, apoyado por los independentistas, se habían saltado la legalidad a la torera y convocado un referéndum declarado ilegal por la Tribunal Constitucional.

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