Viernes 06.03.2009
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Hubo un tiempo en el que los vídeos caseros estuvieron de moda: la televisión, entonces, la hacíamos nosotros. La gente mandaba sus creaciones, casi siempre bromas gruesas. Pero así empezó el cine: recuerden El regador regado. Lamentablemente, el humor de esas piezas de vídeo no mejoraban lo de hace un siglo. Pero tampoco lo mejora Humor amarillo y la gente se pirra por ese catálogo de sopapos enlatados.
Otra cosa, claro, es el vídeo doméstico de un famoso. No suelen ver la luz, pero no será porque algunas televisiones no los deseen ardientemente. Fíjense el culebrón que se ha montado a raíz del accidente de Tiger Woods: y todo porque no hay un vídeo. He leído narraciones extraordinarias sobre cómo Tiger, circulando a paso lento con su Cadillac, se fue contra una boca de riego. Consciente quizás de que los vídeos caseros hacen mucha gracia, el ex marido de Jennifer López, Ojani Noa, pensaba publicar el de su luna de miel. Pensaba construir un documental (que se titularía Cómo me casé con Jennifer López) utilizando imágenes de las más de once horas de metraje que tiene de aquellos días dorados. Un juez lo ha impedido, y Ojani se queja. Ahora que lo pienso, Yoko Ono y Lennon nos ofrecieron muchas escenas de su vida privada, aunque tal vez eran recreaciones de esa vida privada, más que bocados de realidad. Una luna de miel siempre será una luna de miel y se graba con espíritu doméstico. Ahí está el problema: uno acaba saliendo en bata y zapatillas en estas grabaciones. Y sin maquillaje. Además, no hay nada peor que un vídeo fuera de contexto. Acaban de sacar a subasta uno inédito de Marilyn en el que fuma marihuana con unos amigos. Estoy empezando a pensar que vivimos una fiebre de vídeos caseros.

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