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Viernes 06.03.2009      Hemeroteca web  |  RSS  RSS

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ALFREDO CONDE

los otros días

Vientos fríos con apellido

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Somos muchos los que nos maravillamos al contemplar la sabiduría ajena; por ejemplo, el prodigio que supone la aceptación de determinadas conductas a partir de la justificación en que se amparan. El "lo hago así porque después de pensarlo llegué a la conclusión de que, precisamente así, es como debo hacerlo" no suele ser muy aceptado. Sin embargo, aun tratándose del mayor disparate imaginable, si el autor alude a una palabra dada -por ejemplo: "se lo prometí a mi mamá en su lecho de muerte"- concita una anuencia tal que para sí la quisiera Zapatero, responsable absoluto de que el Xynthia no rozase apenas la península y de que el viento del norte que tanto frío nos trajo a lo largo de la semana pasada no se apellidase López.

De sabios es, por tanto, buscar la plausible disculpa que engendre solidaridad y simpatía, salero y gracia concomitantes e incluso contenidos, anuencias, incluso partidarias, en fin, la leche.

Que tendrá un viento de poniente que no tenga una masa de aire polar continental, para que este no se conozca por su onomástico, también por su patronímico, es algo que se escapa a mi comprensión. Abogo, por lo tanto, para que los vientos fríos sean conocidos por el apellido correspondiente. Así una masa polar continental, muy fría, podría llamase Díez, y un viento ventolánciño y algo olvidadizo, medio juguetón y picaruelo, un vientecito capaz de caber un desván, se podría llamar Varela. Dicho lo que antecede, superadas las divagaciones isobáricas, regresemos a las justificaciones primeras; o sea, a las citadas dos párrafos antes que este, cuando hablábamos de prodigios y maravillas. Cuál es el retablo de este tiempo de maravillas es algo que se me escapa pero que mucho me gustaría atrapar como se atrapa la ocasión, esa que dicen que pintan calva, sin añadir que suele lucir una cola de caballo ornando su occipucio; una coleta así como de samurai, bien que grasienta y escurridiza, que permite su aprehensión, si prefieren que lo escriba así aunque a algunos les produzca escalofríos.

A mí me lo producen las disculpas de quienes se pretenden buenos pagadores sin serlo. Sean los varelatos sobrados, sean las díez-ochescos carantoñas, en rojo encendido, antaño, en arrebatado carmesí hogaño, pero tan sólo en los morritos, miren qué cosas. ¡Ah, los morritos, el morrito de la Díez, ese clavel marchito! Qué mes de disculpas este ventoso marzo. Lástima de boys. Mientras, la disculpa más peregrina de todas, navega por un You Tube que algunos conocen ya como el tube de la tía Marisa, aquella que se moría de risa y nadie supo de que se moría.

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