Viernes 06.03.2009
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No pinta bien el panorama de las cajas en España. Muestra de ello es la tangana que se vivió en la CECA, el organismo en el que hasta ahora convivían todas pacíficamente bajo la presidencia de un gallego sabio, Quintás Seoane. Dicen que el Gobierno les quiere meter mano, a través del Banco de España. En el sentido de controlarlas como si fueran bancos. Porque a estos sí los tiene bajo control. Por algo, el mayor defensor de Zapatero es Botín. A las cajas es más difícil. Su dependencia es mayor de las comunidades autónomas, de los ayuntamientos e incluso de los ciudadanos de a pie que las consideran como algo propio. En este caso, Gobierno central y PP central están bastante de acuerdo, porque este último cree tener un pie en la Moncloa. La Caixa catalana y Caja Madrid son, o lo pretenden, algo más que unas entidades de lo que indica su nombre. Su vocación es ocupar toda España. Pero resulta que más allá de Barcelona y Madrid hay vida. Nuestras leyes señalan claramente que Galicia tiene responsabilidades y competencias sobre sus cajas de ahorros. Los gallegos, a través del Parlamento, están decididos a ejercerlas. Aunque ZP ya lo sabe, Feijóo debería recordárselo en su carta. Y también advertirle de las consecuencias que se derivarían de no entender algo tan sencillo.

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