Lunes 22.12.2008
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Opinión » Firmas
La comarca de Ferrol, pese a su distancia geográfica de Europa, consiguió a lo largo de su historia actualizar su arquitectura y su urbanismo. La relación de antiguo que tiene la comarca con el sector naval así como la emigración de sus gentes a ultramar hicieron de estas tierras puerta de entrada de avances y tendencias del resto del mundo. Como en la vecina Asturias, magníficos ejemplos de arquitectura indiana, fruto de esta emigración, pueblan sus costas y su interior.
Ferrol, como tantas ciudades portuarias, recibió en su día la influencia de las últimas tendencias venidas de Europa y América y fue laboratorio de ensayo de los nuevos diseños en arquitectura, nacidos de la corriente secesionista europea. Arquitectos como Rodolfo Ucha Piñeiro fueron claros exponentes de estas tendencias.
En Ferrol, el barrio de la Magdalena nace como ampliación urbana, diseñado por arquitectos militares como Jorge Juan y aprobado por Carlos III en 1761. En el siglo XVIII, la construcción de los Arsenales y del Astillero Real implicaría un rápido crecimiento de la ciudad que canalizó la demanda residencial a través del diseño de un barrio que albergaría altos cargos de la marina, técnicos de construcción naval, profesionales liberales y comerciantes.
El barrio es una cuadrícula perfecta de calles integrada en la antigua trama a través de dos grandes plazas, la plaza de Amboage y la plaza de Armas. En las calles Real y de la Magdalena surgen los primeros inmuebles de dos y tres pisos rematados a principios del XIX por galerías acristaladas de madera pintadas de blanco. Estas galerías, posteriormente popularizadas por toda Galicia, constituyen un nuevo elemento arquitectónico inspirado en los paños acristalados de las popas de los barcos que los arquitectos militares no dudaron en incorporar a sus casas.
El barrio de la Magdalena es un ejemplo urbanístico de previsión y respeto de la historia de otras épocas y un ejemplo del racionalismo urbano de la Ilustración. Su singularidad, fisonomía y elegancia hicieron que la Xunta de Galicia lo declarara en 1983 Conjunto Histórico-Artístico. Pese a esta declaración de hace 25 años, a día de hoy, el barrio de la Magdalena, aunque recientemente se ha aprobado un Plan Especial, sigue asistiendo al deterioro y ruina de sus construcciones singulares y de sus carismáticas galerías. Un barrio como este es una joya que ninguna ciudad puede permitirse perder.
Las administraciones deben actuar de oficio y con rapidez y deben evitar llegar a la demolición de los edificios ruinosos por abandono. Este estado es producto, en muchos casos, de la desidia de ciertos propietarios que sólo buscan la ruina de la construcción para conseguir la demolición del inmueble catalogado y edificar ex novo sin tener que respetar los imperativos de la rehabilitación.
Por otro lado, Ley de Arrendamientos no puede desproteger a los propietarios de edificios catalogados, que se ven atados de pies y manos frente a unos inquilinos enquistados, propiciando la desaparición de las grandes arquitecturas de otras épocas.

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