Miércoles 22.04.2009
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Opinión » Firmas
Quienes estén mínimanente interesados por el futuro de los periódicos en un mundo dominado por Internet y los efectos devastadores que la crisis está provocando sobre los medios de comunicación, encontrarán en el número 32, abril/mayo, de la edicion española de FP (Foreign Policy) un análisis, recomendable, del periodista y consultor Juan Varela, titulado El fin del papel.
El caso es que los diarios pierden difusión en todo el mundo y los grandes grupos de comunicación empiezan a ensayar las exequias que seguirán a la despedida de múltiples cabeceras. Pero, aún así, el periodismo no desaparecerá de la faz del Tierra; sobrevivirán aquellos medios informativos que sean capaz de reiventarse "más allá de una reestructuración de su negocio, imprescindible para mantener un periodismo de calidad insustituible por un periodismo ciudadano sin obligaciones ni capacidad suficiente para dedicar recursos a la búsqueda, el reporterismo y la edición de información relevante de calidad de manera continua y en cualquier situación, de la política a la guerra pasando por los deportes", señala Varela.
En definitiva, "la crisis no es del papel, sino de la información".
Ese es precisamente el mensaje que late en el thriller dirigido por Kelvin Macdonald La sombra del poder, en el que Russell Crowe encarna a un veterano periodista de origen irlandés, obligado por las circunstancias del guión a poner a prueba su valía frente a una compañera novata (Rachel McAdams), que es la articulista estrella de la versión on line del Washington Globe.
La película es un remake norteamericano de una magnífica serie de seis capítulos de la BBC, rodada por Paul Abbott. El asunto gira en torno al negocio que la guerra supone para las empresas de seguridad y los tejemanejes que éstas hacen para conseguir la privatización de la seguridad en los Estados Unidos. Todo esa historia sirve para retomar el viejo e inacabable debate entre el periodismo de calidad y el periodismo de rumores; entre la prisa y el rigor informativo. Al final, para hacer buen periodismo no hace falta tener un sofisticado IPhone ni estar todo el día pendiente de los blogueros, basta con un bolígrafo y una libreta, y salir a la calle.
Ni que decir tiene que La sombra del poder recuerda al caso Watergate: el Washington Globe al The Washington Post; Helen Mine a Katharine Graham; Rusell Crowe y Rachel McAdams a Bob Woodward y Carl Bernstein. Vale la pena verla. En palabras de Carlos Boyero: "Es cine convincentemente negro, con aroma y poderío visual, con capacidad de enganche".
Y para los gallegos hay un detalle del doblaje que no debería pasar desapercibido. En un momento de su declaración a los dos periodistas, el relaciones públicas -un personaje clave en la resolución de la trama, representado por el actor Jason Bateman-, exclama: "¡ Qué carallo!". Así, en idioma gallego.
Desconozco si el doblador es un infiltrado de la Mesa pola Normlización Lingüística. Pero seguro que el hombre no comparte la tesis del segregacionismo idiomático que alguna gente que vive en Galicia le exige a la Xunta. Probablemente, al doblador le salió así, sin pensarlo, con toda naturalidad. Fue el propio desarrollo de la escena el que le llevo a exclamar, "¡Qué carallo!"; mucho más convincente que un insulso "¡Qué carajo!".

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