El Correo Gallego

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ABEL VEIGA

496 días

03.01.2018 
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ETERNOS. 496 días. Con sus noches. Con sus angustias. Con una esperanza sustentada al final por el aferrarse simplemente a la vida. Nunca se quiere perder esa sutil, débil esperanza. Trágico. Terrible. Dolor inmenso para una familia rota. Trágico final para Diana Quer. Para sus padres, para su hermana, para su familia y amigos. Se acaba todo con la peor de las confirmaciones. Con el zarpazo más cruel que la realidad puede depararnos. Una hija asesinada. Vil y miserablemente asesinada.

Acabando 2017 y casi cuando nadie lo esperaba, cuando el asesino confeso volvió a dar un paso en falso, creyéndose inmune, prevaliéndose de su prepotencia y su maldad, todo se activó de repente. Tras la detención y la valentía de una víctima que consiguió eludir y zagar sus garras, fue cuestión de horas para que el asesino se derrumbase. La consistencia y la contundencia de la investigación, la audacia del interrogatorio y sobre todo, la dilución de una coartada falsa y mentirosa precipitaron todo. La carta emergió, la única carta que tenían las Fuerzas de Seguridad. Que su cónyuge cambiase la declaración inicial hace más de un año cuando el asesino, su marido, era uno de los principales investigados. Su historial delictivo y personal le situaron en primer plano de investigación. Una coartada que le permitió ganar tiempo, pero sintiéndose quizás seguro, quizás impune, y por supuesto no vigilado, volvió a intentar un secuestro de una chica. La declaración de ésta que logró escapar ha sido determinante.

Pero sin duda, y no siendo capaces siquiera de aproximarnos al inmenso dolor y desgarro que han sufrido y sufren sus padres y hermana tras casi 500 días de angustia, sobrecoge y alarma la posición de su mujer. Su testimonio falso permitió que siguiera libre. Su mentira fue la coartada que aquél necesitaba para eludir la acción policial. Su protección no solo permitió que el asesino siguiese libre sino que volviese a intentar delinquir, secuestrar, violar. ¿Cómo se puede convivir con un asesino, o con la sospecha de quién vive, duerme, comparte tu vida y tu hogar, el padre de tu hijo es un asesino y es un sospechoso de tamaños delitos? Verdaderamente ¿sabía la mujer del asesino quién era éste, qué había hecho, qué hacía, que tipo de delitos cometía, que ansias de reincidencia tenía?, ¿qué hogar, qué familia han construido?

Del trapicheo de drogas al secuestro, al intento de violación, al estrangulamiento y el asesinato. Ese es el historial macabro de alguien capaz de asesinar y seguir con su rutina, su vida, sus hábitos y también tratar de volver a delinquir. Alguien capaz de arrojar un cadáver al fondo de un pozo donde el silencio lo devora todo. Cuando ya no tenía otra opción ni salida confesó dónde estaba el cadáver de Diana. No sin tratar de engañar y versionar los hechos a su antojo.

Terrible. Terrible final a una vida truncada miserablemente por un miserable. Un asesino que trató de seguir con su vida como si nada hubiera pasado, pese a la angustia de la familia de Diana, pese al cerco policial, pese a que su pareja declaró que aquella noche, la fatídica noche del 22 de agosto, habían estado juntos. Y con esa mentira convivieron y callaron estos 16 meses.

La familia Quer tiene ahora un cuerpo, unos restos que podrá enterrar o incinerar dignamente. Un asesino les había incluso arrebatado ese trance íntimo y doloroso. Se acaba una angustia. Empieza ahora la difícil tarea de acostumbrarse ya a vivir con una certeza, que Diana ya no volverá nunca más. Una certeza que punza a sus padres y hermana. Pero termina ese desasosiego de saber qué pasó. Ahora solo esperan que ese asesino acabe en la cárcel durante muchos años. 496 días después, la esperanza se rompió. Pues aunque sea muy tenue, jamás unos padres la pierden. En la memoria y en el recuerdo aquellos padres que perdieron en semejantes circunstancias a sus hijos y nunca han sabido o los han podido encontrar y enterrar. Como Marta del Castillo. O el pequeño Jeremy.

Profesor universitario