Noticia 1 de 1 Opinión » Firmas

{LOS REYES DEL MANDO}

JOSÉ MIGUEL GIRÁLDEZ

El abrazo

01.04.2014 
A- A+

EL PERIODISMO es quizás la profesión más hermosa del mundo, y probablemente la más maltratada. El periodismo es hermoso porque consiste en constar a los demás las cosas que pasan: y, sobre todo, las cosas difíciles de contar. Ayer escuché a algunos periodistas llorar en la radio, al mirar la fotografía de Javier Espinosa, liberado al fin, corriendo hacia el abrazo de su hijo. Tengo muchos amigos periodistas y me siento muy orgulloso de ello. Puede que no tengan que pasar por trances como el de Espinosa y García Vilanova (el secuestro de más de seis meses en Siria), pero son capaces de librar las más hermosas guerras, las más dignas batallas. Pues bien, volvamos a la foto. Volvamos a la imagen en los telediarios. Hay días que una fotografía, lo decíamos la pasada semana, puede capturar todo el sentido del pasado. Puede atrapar la historia en un solo plano, en un solo gesto. El documental de Robert Capa, en La Dos, la otra noche, lo demostraba. Los planos inolvidables de Suárez, en su laberinto, rodeado por las hebras de humo del cigarrillo. Y hoy, sí, hoy, 75 años del final de la contienda civil española. No terminó la guerra en libertad, es cierto, sino en un largo viaje hacia la noche. Pero hay días en los que te reconcilias con la vida y con la raza humana. Esta foto maravillosa (de Carlos García Pozo, de Paco Campos… habrá más), esta foto de Javier Espinosa bajando las escalerilla del avión, su risa inabarcable, quizás irrepetible, su risa que viaja desde los días de infancia, esperando el abrazo del hijo que llega corriendo hasta él, solo tiene un nombre: el único nombre que de verdad mueve el mundo digno. Y ese nombre es amor. Esa fotografía captura todo el presente, envuelve la historia actual por su lado más verdadero, por el extremo sincero de lo que no es negociable en este mundo. La libertad, el amor. Qué bien que estén aquí otra vez, Javier, Ricardo, un 1 de abril: 75 años después de aquel horror que nos privó de libertad durante décadas. Nada mejor que recordar el oprobio de entonces con una lluvia de libertad. Y con el abrazo de un hijo, que no espera a un héroe, sino a un padre.