El Correo Gallego

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RESEÑA MUSICAL

RAMÓN G. BALADO

Aida Saco Beiroa, en la Escola Berenguela

30.10.2017 
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Concierto en invitación abierta en la “Escola Berenguela” que nos ofrecerá la pianista Aida Saco Beiroa-19´30 h.-, dentro de la serie que venimos siguiendo de los dedicados a alumnos del profesor Alexander Gold, de los que son vivo ejemplo Sara Pinaque, Miguel Iglesias Liste, Rosalía Gómez Lasheras o Julietta Dix Montoya, una escuela que va marcando patrones de envidiable nivel con segura proyección de futuro. El programa del día se mantiene precisamente dentro de un itinerario que para esta ocasión, comenzará con el “Estudio de ejecución transcendental nº 10” de Ferenc Liszt, pieza sin título descriptivo como tienen la mayoría de piezas incluidas en el grupo que integran doce composiciones que manifiestan en su discurso técnico un reto a la gloria de las dificultades resolutivas. El autor húngaro había probado desde joven en esta forma estilística, con lo que los estudios, en sí mismos, marcarán un patrón fácilmente reconocible entre los aficionados y aunque Kramer y Czerny puedan guardan similitudes, los suyos podrán recibir una mejor aceptación por parte de los intérpretes más ambiciosos. El Estudio número 10, se quedará al final con el subtítulo de “Appasionata: Allegro agitato molto, en Fa m.” que, para enredar sus enraizamientos, quizás nos acerque al “Estudio en Fa m. Op 10” de F.Chopin y que nos transporta a un estado febril por la plenitud sonora exigida al teclado. Liszt pues, en sus mejores esencias.
Johann Sebastian Bach, desde la perfección arquitectónica del conjunto de los 24 preludios y fugas en dos cuadernos de “El clave bien temperado”. Del segundo de ellos, la pianista elige el “Preludio y fuga en Do m. BMV 870”, pieza incorporada al mismo durante su estancia en Leipzig, en 1744, siendo Kappelmeister de la Iglesia de Sto Tomás. El “Preludio” luce en su entrada por su gran improvisación al estilo de los organísticos y la “Fuga”, se anima de forma vigorosa en la cadencia final. Chopin tendrá el “Scherzo nº 1, en Si m. Op 20”, tuvo como destinatario a Thomas Albrecht y una de sus peculiaridades es el comienzo con dos intensos acordes de séptima, en una obra que se desarrolla a lo largo de 625 compases, dentro de un tempo de ¾, abocado a un atrevido impulso agitado, que responde la las exigencias del autor que reclama un “Presto con fuoco”.
Beethoven con la “Sonata nº 13, en Mi b M. Op. 27 (quasi una fantasia)”, obra cimera que para Tranchefort encierra tal cantidad de ideas melódicas, hallazgos rítmicos, matices y colores, además de una similar variedad de fraseo, que justifica plenamente el título que se le concedió. Es verdad que sitúa al ejecutante delante de considerables dificultades interpretativas, y al oyente, ante el disfrute de la gama de variedades. Felix Mendelssohn con las “Variaciones serias Op. 34”, un cambio paradigmático dentro de los patrones del romanticismo en las que avezados musicólogos pretender encontrar un puente entre las “Variaciones Goldberg” bachianas y las “Variaciones Diabelli”, y las de Brahms y Max Reger.
A Ravel le tendremos por “La alborada del gracioso”, cuarta pieza del “Miroirs” que al final sería la más valorada del grupo y que ganaría enteros en el tratamiento orquestal. La nitidez de los “stacatti” y los breves acordes que evocan la guitarra española, además de los ritmos descriptivos, nos sitúan en cierta manera en el iberismo que tanta influencia tuvo sobre el conjunto de su obra. En buena lógica, la primera audición pública de “Mirois” en su integridad, la realizó Ricard Viñes, a comienzos de 1906, en la “Sociedad Nacional de Música” de la sala Erard. Cerraremos con el Albéniz de “El Puerto”, del “Primer cuaderno” de la suite “Iberia”, inspirada en la forma tradicional de un polo, estilo de canción y danza andaluza.