Jueves 20.06.2013
| Actualizado 01.34
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UNO DE los argumentos utilizados por el juez Fernando Andreu, de la Audiencia Nacional, para asumir investigar la querella interpuesta por UPyD contra 33 antiguos miembros del consejo de administración de Bankia y de su matriz BFA, es que, dado el tamaño de la entidad financiera y coste al que se eleva su rescate, 23.465 millones de euros, su quiebra ha podido "desestabilizar todo el sistema financiero del país". He aquí un ejemplo de lo que se entiende por riesgo sistémico en argot económico.
Una cuestión que, al margen de las responsabilidades penales en las que hayan podido incurrir o no los imputados, es merecedora de un concienzudo análisis sobre los criterios económicos y financieros que sustentaron la toma de decisiones que llevaron a fusionar Caja Madrid y Bancaja, y, una vez consumada esta, a su cotización en Bolsa.
Cuestiones de suma importancia, pero que corren el riesgo de quedar relegadas a un segundo plano informativo por mor de un periodismo amarillo con ganas de convertir el caso en el culebrón del verano.
Evidentemente, Rodrigo Rato y demás consejeros tienen que explicar por qué se llegó hasta ahí. Pero hay una cuestión que se sitúa al margen del campo judicial, y es la de si el exministro de Economía y exdirector gerente del FMI era técnicamente la persona más competente para pilotar el proceso de bancarización de las entidades aludidas y gozaba del apoyo y asesoramiento del mejor equipo posible.
De cómo llegó Rato a la dirección del FMI, se sabe que no fue tanto por sus éxitos al frente de la cartera de Economía en los ocho años de Gobierno Aznar, como porque don José María quiso recompensarle por no haberlo elegido su sucesor en Génova 13. Para ello contó con la potente ayuda del presidente de EEUU, George Bush, que fue quien presionó ante los patronos del templo del capitalismo para que lo fichasen. Y lo consiguió.
El paso de RR por Washington no dejó huella entre los funcionarios del Fondo, ni tampoco consta que sus actuaciones hayan merecido atención académica entre los profesionales y estudiosos de la ciencia económica que colaboran con dicho organismo internacional.
En los tres años que pasó allí, la leyenda española con la que llegó no le sirvió de mucho: su versión aplicada de la curva de Laffer (recaudar más bajando los impuestos) devino en burbuja inmobiliaria, desenfrenó el consumo y fue el origen del masivo endeudamiento de las empresas y familias en un contexto de tipos de interés bajos y euro fuerte.
Una vez España entró en el euro, los presupuestos se hicieron crecientemente expansivos y, consecuentemente, procíclicos. Es decir, las tasas de crecimiento de la economía española entre 1996 y 2004 fueron consecuencia de una política monetaria del BCE relajada en exceso en relación a la elevada inflación española. Ah, y la reforma Rato de las tarifas eléctricas la estamos pagando ahora en plena crisis.

20.06.2013
Pintadas en comercios de la rúa do Hórreo
Basura tirada a pocos metros de una papelera
Exigen la limpieza de pistas y aceras en Ames
Pista con muy baja visibilidad por la maleza
Falta de mantenimiento en muchas aceras