Lunes 22.12.2008
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Los nuevos ministros nombrados por Zapatero han concitado un consenso casi inédito: mínimo entusiasmo, dudas acerca de su eficacia y certeza de que son, más que nunca, gente de partido. El presidente, una vez más, vela por el interés general primando la preparación de las elecciones europeas, no la salida a la crisis económica. Por eso, los nuevos ministros responden bien al perfil de lealtad sin fisuras y sin pegas. Algunos ni tienen estudios.
No es el caso de Ángel Gabilondo, catedrático de metafísica que ha sido rector de la Universidad Autónoma de Madrid y presidente de los rectores españoles. Nunca ha escondido su afinidad al PSOE, pero alguien que se dedica al relegado oficio de pensar merece cierta consideración. Sobre todo porque en España se estila hoy una izquierda muy de eslóganes y gritos, algo que sonroja a los viejos socialistas.
Gabilondo frecuenta los periódicos con artículos bien pensados. En uno publicado el 1 de diciembre de 2008 exponía un punto de vista esperanzador sobre el papel del Estado: "El enemigo de lo público no es lo privado, sino que tanto para lo uno como para lo otro lo peligroso es la incompetencia. Hemos de ser capaces de compartir espacios y de reconocer que perseguir el bien común no es exclusivo de unos, sino de todos los ciudadanos. Ser servidores públicos supone reconocer que lo público es patrimonio social".
Gabilondo hereda una Educación superior que ha de adaptarse a Bolonia, y una obligatoria de pésimo nivel. En ambas conviven instituciones públicas y privadas, pero estas últimas sólo han recibido amenazas del Ministerio en los últimos años. Ojalá el ministro, ilustrado, sepa transitar bien de las palabras a los hechos. En la Francia del XVIII los ilustrados inventaron la guillotina.

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