Lunes 22.12.2008
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Si el arte es un arco, la flecha eres tú. No sé quien lanzó ese adagio, lo escuché en una de esas colas culturales que convierten al telediario en algo más que telegrama de noticias feas. Miento, no estoy seguro de haber escuchado esa frase en un informativo pero cabe en el saco de metáforas de los compañeros que cubren Cultura. Todo por Arco 2009. Lamento llegar tarde a la feria pero charlar sobre pintura siempre tiene perdón, más en Santiago, donde hay gente que debate sobre Bacon en plena madrugada.
Arco y flecha. La diana ya es otra cosa, depende de cómo afines la puntería, de cómo brille el sol tus intereses, de lo que porte ese día el dial de la emoción. Hay tardes raras, lo juro, miras diez cuadros y ni uno solo de ellos invoca la menor melodía de seducción; otras en cambio, callada, callado, descubres una canción dentro de cada óleo y sientes el claqué en el cuerpo cuando giras alrededor de una escultura que se mueve dentro de tus ojos, aunque esté boca abajo, como ésa de Rómulo Royo, sita en ArtMadrid, certamen posterior a los lanzamientos del gran Arco. Cuando viajas a Madrid por primera vez todo te parece un museo, hasta el vagón de metro. Museo de los horrores a veces, de los amores otras. El bumerán del destino nunca me llevó hasta Arco, así que será cuestión de confabularse en su contra un año de estos. Mientras tanto, lo voy siguiendo por tierra (prensa), mar (Internet) y aire (radio; tele), y aunque hay expertos y galeristas que dedican su ración de alcachofa a presumir de tecnicismos, es un placer ver esos pasillos llenos de gente. Siguiendo con las verduras, hace unos años, en la capital gallega se levantó una polémica que lo eclipsó todo, una nube de debates alrededor de una obra basada en una lechuga, propuesta ideada por el italiano Giovanni Anselmo, cuya exhibición mínimal en el CGAC hizo que se enredaran los del arte y los del harto, río revuelto donde algunos casi se ahogan.
Sin entrar en aquel tomate, sigue sin demostrarse que entrar a un museo le haga daño a alguien. Además, aunque algunos no lo crean, cuando todo documental de viajes cita siempre la Tate Gallery o el Moma de cada ciudad... será porque no todo tour equivale a coleccionar postales entre set y set de shopping. Admito carga moralista, y que la palabra artista es, de lejos, de las que sufre mayor desgaste hoy día pero que Madrid reúna a miles de personas para hacer algo más que ir al Bernabéu o manifestarse ante un Ministerio... es una obra de arte.

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