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carta blanca

LÍA SANTISO

La asesina era dominicana

13.03.2018 
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EL Día de la Mujer fue celebrado con gran éxito en toda Galicia. Mujeres de todas las edades, y algunos hombres, se echaron a las calles para reivindicar la igualdad en todos los ámbitos: salarial, corresponsabilidad en las tareas del hogar y en los cuidados, tratamiento informativo no sexista, acabar con el feminicidio... Todas nos ilusionamos mucho, pues el éxito de las movilizaciones no tenía precedentes. Las redes sociales ardían con imágenes y lemas feministas. Un espíritu de sororidad nos unía a todas, nos sentíamos poderosas, capaces de reivindicar nuestro papel en el mundo, viendo cada vez más cerca la quimera de la igualdad.

Pero el optimismo no nos duró mucho, concretamente hasta el domingo a la una de la tarde, tres días después de soñar que podríamos poner fin a los prejuicios sexistas, nos sacude la triste noticia de la aparición del cadáver de Gabriel en el maletero de Ana Julia, la novia dominicana de su padre.

Las reacciones sexistas y xenófobas no se hicieron esperar, en las redes sociales observé atónita como muchos hombres se alegraban de que la supuesta asesina fuera una mujer, pues eso demostraba que nosotras también somos capaces de cometer los crímenes más horrorosos. Además era su madrastra, como en Blancanieves, donde una perversa mujer seduce a un hombre y trata de deshacerse de su hijo.

¿Y qué decir de los comentarios referentes a la nacionalidad de Ana Julia? En change.org, una página web en la que los ciudadanos pueden apoyar peticiones, hubo una que realmente me estremeció: se solicitaba que cumpliera su condena en la República Dominicana para que no se aprovechara de las comodidades de las cárceles españolas y no se dedicara a vivir aquí, a costa de nuestros impuestos. Puedo entender que una persona pueda tener esta visión tan sesgada de la realidad, pero lo realmente preocupante es que en menos de 24 horas esta extraña petición había conseguido ¡más de 200.000 firmas!

Además, desde que se conoció el hallazgo del cuerpo de Gabriel aumentaron a un ritmo trepidante las peticiones contra la derogación de la prisión permanente revisable, encontrándose en el momento en que escribo este artículo en dos millones y medio de firmas.

La mañana siguiente a la aparición del cuerpo El programa de Ana Rosa y Espejo Público competían a ver quien ofrecía más morbo disfrazado de información. Como si tratara de una teleserie de sobremesa, ponían música melancólica cuando mostraban las imágenes del niño o de sus padres llorando para pasar a un redoble de tambores, propio de las películas de Alfred Hitchcock, justo antes de dar un supuesto bombazo informativo.

He de decir que, gracias a tener que escribir esta columna, he tenido la excusa perfecta para pasarme una mañana delante del televisor haciendo zapping, disfrutando de una buena sesión de periodismo amarillo, ¿quién necesita teleseries con estos grandes espectáculos a costa de la muerte de un niño?

Periodista y socióloga