Martes 17.06.2008
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La Conferencia de Presidentes es una institución de coordinación interterritorial, horizontal, vigente en algunos países federales. Entre 1996 y 2004, el Gobierno Aznar evitó en todo momento ponerla en marcha pese a las reiteradas llamadas en favor de aquella de Manuel Fraga, presidente de Galicia, partidario de darle cohesión al Estado de las Autonomías mediante la participación de las comunidades en la formación de la voluntad mayoritaria del Estado. De ahí sus propuestas de Administración única, reforma del Senado, participación en el CES y presencia en los Consejos de Ministros de la UE.
Fue en el congreso del PP en Sevilla, celebrado tras la mayoría absoluta de Aznar en las elecciones del 2000, cuando se visualizó una estrategia recentralizadora, que también afectó al paquete de propuestas autonomistas presentado por los populares gallegos, y cuya negociación estuvo a cargo de Jesús Palmou. Gracias que Palmou logró arrancar alguna concesión de Javier Arenas, por aquellas fechas número dos del PP y conductor del congreso. Pero habían triunfado las tesis de Mayor Oreja, postulante de una rebaja del protagonismo de las autonomías en favor del Gobierno y central, y partidario del rearme del nacionalismo español frente al nacionalismo vasco, catalán y gallego.
Esa concepción de España, mayoritaria en las filas populares, aborrece el federalismo en cuanto que lo considera una puerta abierta "al separatismo" (sic). Un falseamiento de la realidad, por cuanto los Estados de naturaleza federal tienen como fin la construcción de la unidad mediante elementos de colaboración, cooperación y coordinación entre el Estado central y los Estados federados (comunidades autónomas en el caso español), manteniendo al mismo tiempo altas cotas de autogobierno de los entes territoriales.
Partiendo del apriorismo, la aversión de la mayoría de los presidentes autonómicos populares a la Conferencia de Presidentes tiene un fundamento ideológico difícil de disimular. Y ello favorece una interpretación en clave de partido, que sitúa a ésta por encima del compromiso institucional del que son deudores quienes ostentan la máxima representación de cada comunidad autónoma. Cuestión capital que también afecta al PSOE, pese a sus dos almas -la jacobina y la federal- y a que su estructura orgánica asume principios claramente federales.
La falta de una cultura federal es parte del fracaso de la Conferencia de Presidentes. Pero resulta un contrasentido que quienes abominan del bilateralismo entre Gobierno central y Gobierno autonómico, carguen contra la Conferencia por su carácter horizontal y, además, reclamen del Ejecutivo central una apoyatura documental a sus propuestas y unas reuniones previas, que desnaturalizarían el alcance de aquella y el objetivo de fraguar consensos en torno a premisas que luego otras instancias han de darle forma y desarrollo. Feijóo ha usado su desparpajo habitual para justificar lo premeditado.
En ese sentido, antes de condecorar a Zapatero como el campeón del paro, Aguirre debería autocondecorarse como campeona del paro en la Comunidad Madrid, por sus mayores méritos para hacerse con un título al que también es acreedor Camps en la Comunidad Valenciana. En ambos casos, las miopías en políticas de empleo no están causadas por PCs, sino por neocons.

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