Lunes 22.12.2008
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Doce años de discusiones, juicios y quebraderos de cabeza deberían ser más que suficientes para que en Baíñas impere el sentido común, aunque sólo sea por respeto a los difuntos que descansan en el viejo cementerio objeto de la discordia.
Está claro que en tan largo período de tiempo, tanto los vecinos que se oponen a la ampliación de la necrópolis como los promotores de las obras se han cargado de razones que avalan sus posiciones, pero si unos y otros insisten en seguir por el camino de la confrontación y la judicialización del problema -como así anunciaron ayer ambas partes-, sólo los abogados podrán presumir de beneficios.
La solución pasa porque opositores y promotores de las obras comiencen por aparcar diferencias pasadas, y partiendo de la situación actual busquen un acuerdo en el que no haya vencedores ni vencidos. Es cierto que los primeros son una amplia mayoría, pero también deben reconocer que a los promotores les avala una sentencia del TSXG. Y éstos últimos, al margen de la legalidad que les ampara, deberían comprender que lo lógico, ahora que existe un nuevo cementerio, sería construir sus panteones en la moderna necrópolis. Parece la única salida viable para que la paz regrese a Baíñas.
A ello deberían contribuir con decisión y valentía el Concello de Vimianzo y el Arzobispado de Santiago, en vez de pasarse la pelota y echarse la culpa los unos a los otros.

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