El Correo Gallego

Noticia 1 de 1 Opinión » Firmas

LOS REYES DEL MANDO

JOSÉ MIGUEL GIRÁLDEZ

Berto Romero en serie

26.02.2018 
A- A+

BERTO Romero es uno de lo grandes cómicos españoles de los últimos años, sobre eso no creo que haya muchas dudas. Su afán irónico, su sátira implacable, se abre camino a través de un rosto que emana estupefacción y perplejidad, pero también espíritu burlesco, muy a lo Woody Allen, a qué negarlo. Es Berto, además, un gran desacralizador, un estupendo iconoclasta. Con él, cualquier solemnidad baja dos o tres grados, como una ducha fría. Se ríe bien de los ególatras. Algo de eso, o mucho, hay en la nueva serie que ha colgado Movistar para suscriptores, siguiendo el primer intento, ‘Vergüenza’, en gran medida en la misma línea cómica demoledora. ‘Mira lo que has hecho’ es una producción de El Terrat, muy Berto Romero, en la que se bebe (y se fuma) de las inseguridades que tanto afloran en sus monólogos o en sus deconstrucciones de la realidad cotidiana, a menudo desternillantes. Hay Bertolerismos por todas partes, pero es cierto que tampoco faltan lugares comunes.
La serie habla de la dificultad de ser padres primerizos, lo cual viene a ser un ‘docudrama’ de metaficción, o así, en el que el protagonista se interpreta a sí mismo. Los que hemos sido padres, y alguna vez primerizos, sabemos algo de ese territorio en el que confluyen argumentos más que esperables, como la alimentación del bebé, las noches en vela, o el sexo después todo eso, y quizás este es el aspecto más endeble de la serie: hemos visto muchas veces esta narrativa del posparto y el prebiberón, la construcción de la maternidad y la paternidad en medio de un laberinto de emociones y huidas hacia la soledad del cuarto de baño, mientras el mundo cambia vertiginosamente, como cambian los hábitos y los pañales. Afortunadamente, la serie no se queda en lo obvio y gana con el paso de los capítulos.
Como también sucede en ‘Vergüenza’, muchas de las secuencias presumiblemente incómodas, o ridículas, no lo son tanto. Pero Berto, que es una apisonadora sociológica, logra casi siempre otra vuelta de tuerca. Más allá del pretexto de padres primerizos, más allá de la épica de las noches sin pegar ojo o de las visitas de la familia, que aquí se dibujan como una batalla de costumbres, Berto compone un irreverente retablo intergeneracional muy bien llevado, complicando la estructura, yendo y viniendo en el tiempo, hasta el punto de que incluso atisbamos los días próximos a su muerte, donde Luis Tosar ofrece unos minutos estupendos. Hay episodios descarnados, blandos por fuera y duros por dentro, o viceversa, porque Berto es tan satírico como tierno. El capítulo cuarto, ‘Hotfire’, enseña con virulencia y con no poca ironía ese choque generacional, en la figura del ‘youtuber’ Polímero (no se han tratado mucho los ‘youtubers’, creo), y en la del propio Berto (la accidentada noche en la que conoció a Sandra, la excelente Eva Ugarte, tras uno de sus bolos). Las escenas cruzadas de los dos automóviles, en los que se discute sobre la naturaleza del arte según la perspectiva de cada época, quedan como el momento más brillante de lo que hemos visto hasta ahora (porque habrá segunda parte). Berto Romero es muy capaz de contemplarse a sí mismo y de mostrar nuestros lados más surreales en el territorio más revelador y más complejo: la vida cotidiana.