Jueves 18.03.2010
| Actualizado 01.28
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No solo naufraga Venecia en medio de la tormenta, sino también un modelo empresarial, político y ec0nómico que comparten PSOE y PP en un bipartito oculto. En él se mezcla la vieja costumbre de arreglar con amigos en Madrid lo que no se puede solucionar con coraje político desde Galicia, con otra más moderna que recurre al empresario favorito o de cabecera, para hacer de él la salsa de todos los guisos.
Las reacciones de socialistas y populares gallegos ante la compra de las autopistas son propias de quien se queja del síntoma y no repara en la enfermedad. Recuerdan a los lamentos de Boabdil tras perder Granada, en este caso a manos de un adversario que no era americano. La respuesta de Aixa, su madre, podría reproducirse ahora, dirigida a quienes lloran por una pérdida que es consecuencia de un modelo que deja al país en la posición de peón.
De poco vale que el presidente vaya a la Moncloa a pedir una información que debía tener mucho antes. Difícil resulta creer que Zapatero, Solbes, Sebastián o Magdalena Álvarez ignorasen los planes de Sacyr, o incluso que no diesen su aprobación. Si prescindieron del mandatario gallego, y eso es lo que da a entender la actitud de don Emilio, es que Galicia pinta poco.
No es imaginable una adquisición de este fuste si los territorios afectados fuesen otros que están en la mente de todos. En ese caso, tanto Del Rivero como los americanos, hubiesen hecho un peregrinaje previo en busca del visto bueno del president o el lehendakari. Siendo Galicia, la Moncloa actúa como ventanilla única.
Así es y así fue también con los populares en el poder y su teoría del Gobierno amigo. Es el clásico estilo caciquil que sustituye las relaciones institucionales por la típica recomendación, mecanismo que está bien siempre y cuando sea complementario. Ese modelo, en resumen, aleja el centro de decisión de una de las infraestructuras esenciales, y deja a expensas del contacto de siempre inversiones imprescindibles.
Hay que admitir que el nacionalismo acierta en el diagnóstico. Esa idea tan churchilliana de que ni los amigos ni los enemigos son permanentes, sino solo los intereses, es la que aplica el BNG desde el comienzo de la crisis. Como enfatiza el vicepresidente con su peculiar tenacidad, la defensa contra estas cosas no está en el amigo de allá, sino en el autogobierno de aquí.
El amigo lejano, se llame Solbes o Rato, Cascos o Magdalena, tiene ante sí un gran tablero en el que operan, como caballos de Troya, ese tipo de empresario al que pertenece el dueño de Sacyr. Gracias a la cobertura política y bancaria, construyen castillos con naipes que se llaman Fenosa o Audasa. Cuando falla la base que sustenta tan precaria estructura, se deshacen con prisa de activos y aparecen en escena grupos como Citi que van a la liquidación.
En ese juego también sale perdiendo Galicia. La casilla gallega solo es una más. Somos una parte pequeña del tablero y por eso las operaciones que nos afectan responden a una lógica que nos supera. ¿Son las autopistas el precio que se paga para evitar que el tentáculo ruso llegue a Repsol? ¿Es Fenosa la compensación a Gas Natural por su revés en Endesa? Quizás.
El modelo vicario que practican socialistas y populares naufraga porque emula a Boabdil cada vez que pasan estas cosas. Hay que explorar otro, que empezaría por algo tan modesto como conseguir que Sacyr, Gas Natural, Citigroup y el Gobierno, vinieran a pedir permiso antes.
Nevera enchufada a xestas
Basura acumulada en Arzúa
Cabina inútil en A Estrada
Tender ropa en plena calle