Lunes 22.12.2008
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DICEN QUE vuelve Buenafuente a la televisión, y eso, con la que está cayendo en todos los ámbitos, se convierte automáticamente en noticia. El humor es lo que nos salva, ya lo tenemos dicho. Lo repito como un mantra, aunque, al final, reconozco que uno se lía el mantra a la cabeza. Humor, sí, para combatir todo este horror que nos acompaña en lo más crudo del invierno. Humor, sí, a falta de otras alegrías. Ya sé que algunos proponen el rictus serio que exige la etiqueta europea, la tersura de los músculos para no moverlos, no vaya a notarse la debilidad en la mandíbula. Merkel, en esto, tiene los gestos muy bien ensayados. Pero lo conveniente es quitarle un poco de hierro al asunto, y eso sólo se puede hacer desde la bendita locura del humor. La brutal dosis de realidad que recibimos cada día sólo se puede mitigar con el envoltorio sanitario de la risa, y por eso, digo yo, tal vez por eso, vuelve Buenafuente. Para salvarnos un poco. Lo va a hacer de nuevo en Antena 3 y va a ocupar la franja de máxima audiencia, aunque durante mucho tiempo, cuando estaba en pantalla, la franja de máxima audiencia era precisamente la suya. No es tiempo para ‘late nights’, por lo que veo. No hay apuestas por grandes ‘shows’ nocturnos a lo Jay Leno, a los Conan O’Brian, y eso impide que se traslade a la medianoche el mediático oleaje de lo políticamente incorrecto. Aunque ahí está ‘El Intermedio’, en La Sexta, derrochando ironía y surrealismo a la hora de los telediarios. Buenafuente vendrá para entretenernos un poco en esta larga travesía. Mientras se erizan las púas de la crisis habrá que blindarse con un traje de indiferencia, cantar en la oscuridad. Si la televisión emite programas de ricos comentando sus espléndidas casas para animarnos, no puede ser malo contratar a Buenafuente para seguir tocando, como seguía tocando la orquesta del Titanic.

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