Viernes 19.03.2010
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Revuelo jurídico mediático: Durante estos días el ámbito jurídico se encuentra algo convulso a causa de la desaparición en Cee de un féretro con un cadáver cuando iba a levantarse el mismo por la comisión judicial con el fin de realizar al fallecido unas pruebas de ADN. La verdad es que resulta una situación tan curiosa y atípica que ha llegado a aparecer como noticia de telediario en las cadenas de ámbito estatal. Sin embargo, esta sustracción no es una broma, ni como tal debe tomarse, realmente es un delito.
El delito: Dice el artículo 526 del Código Penal de 1995 que aquél que, faltando al respeto debido a la memoria de los muertos, violare los sepulcros o sepulturas, profanare un cadáver o sus cenizas o, con ánimo de ultraje, destruyere, alterare o dañare las urnas funerarias, panteones, lápidas o nichos será castigado con la pena de prisión de tres a cinco meses o multa.
No creemos que, en este caso, exista un delito de obstrucción a la Justicia, aunque sí podría entenderse que hay uno de encubrimiento. En cualquier caso, la pena, probablemente sería inferior a dos años de prisión, con lo que los culpables, si no tienen antecedentes penales, no acabarían en la cárcel.
Presunción de inocencia: Para algunos será fácil buscar culpables y apuntar directamente a los familiares reconocidos del difunto entendiendo que son ellos los beneficiados con la desaparición. Sin embargo, no debemos olvidarnos del derecho a la presunción de inocencia que, sin duda, les corresponde, es decir, del derecho a no ser considerados culpables hasta que no se demuestre con pruebas la comisión del delito y sean condenados en firme por el juzgado. Es más, su actuación es absolutamente irreprochable, ya que han presentado la correspondiente denuncia de la sustracción ante la Guardia Civil.
¿Dónde está el cadáver? A la Policía judicial, en este caso a la Guardia Civil, le corresponde, bajo el mandato del juez de Instrucción de guardia investigar que ha pasado. De todas formas, es bastante difícil localizar algún tipo de pruebas, ya que en los nichos, al ser de piedra y cemento, no es posible localizar huellas u otros restos y la lápida, manipulada para levantar el cadáver, puede tener en exceso de aquellas. Cabe que los delincuentes hubieran dejado algún tipo de elemento por la zona que los identifique, pero ya veremos lo que resulta del trabajo de la Policía científica. En todo caso, lo importante es encontrar el féretro, en el que, sin duda, existirán elementos que faciliten la identificación de los que lo sustrajeron. Pero, ¿dónde estará? Dudamos que en otra fosa del cementerio. Quizás en otra tumba excavada (y por supuesto, oculta) fuera del recinto sagrado, o, a lo mejor, en el fondo del mar?
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