El Correo Gallego

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RESEÑA MUSICAL

RAMÓN G.BALADO

El “Cancionero Italiano” de Hugo Wolf/ Alexander Gold-Eriko Ishimoto

25.09.2017 
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Segunda actuación del “XVIII Ciclo de Lied”, confiado a “Amigos de la Ópera de Santiago”, y que se ofrece en el Teatro Principal-20´30.-, con el “Cancionero Italiano” de Hugo Wolf, en la interpretación de la soprano Ana Lucia Richter, el barítono Georg Nigl, con el acompañamiento pianístico de Gérard Wyss. Obra de inmenso aliento, con ciertas afinidades, en la distancia, con el “Spaniches Liederbuch”. Una obra compuesta en dos partes, una primera entre 1890 y 1891, y la continuación en 1896, un año después de su ópera “Der Corregidor”. Las canciones, en su conjunto, guardan un curioso estilo muy unificado y nadie caería en que, entre ambas secciones, hubo un período tan dilatado de distancia, con el agravante de una amarga fase de inactividad completa. Casi todas son breves y aunque tiene atmósferas muy diferentes, se expresan de forma íntima y delicada. Las emociones crudas que se observaron en libros anteriores, no tienen espacio en este caso. Las canciones humorísticas, por poner un ejemplo, son especialmente atractivas y las amorosas, son más tiernas que vehementes; basta citar “Heb´s auf dein blodes Haupt” o “Und willst du deinen Liebsten sterben sehen”, para hacernos una idea.
Wolf se había identificado de forma obsesiva con cada poeta que se cruzó en su camino y cada álbum de lieder resultará monográfico en el sentido absoluto del término, confirmando esa manera personal de sentirlos. En el caso del “Cancionero Italiano”, esa fijación vendrá determinada por la recopilación llevada a cabo por Paul Heyse, en esa búsqueda de una difusa tradición italiana. El resultado final, un primer grupo de 22 canciones y la continuación con otro de 24, en un agotador período de cinco semanas. Una pauta en el autor, son sus frecuentes desvaríos mentales, que condicionaron su vida. Musicalmente no hay vestigio reconocible de melodías, ritmos, armonías o estructuras del italianismo anunciado. Queda más una idea, un sentimiento o un reflejo de la presumible percepción. Para conseguirlo, Wolf se decidió por un nuevo estilo más íntimo y conciso, lo que redundará en resultados de mayor ligereza en las texturas y en la propia forma del canto, lo que no supone una simplificación estilística.
Dietrich Fischer-Dieskau, en “Hablan los sonidos, suenan las palabras”, nos ayuda a entenderle mejor: “ La creación de la melodía va unida, también en Wolf, mucho más estrechamente a una calidad rítmica, basada en criterios lingüísticos. Así se modifica la línea melódica lo mismo que el ritmo bajo el postulado de la necesidad poética. No encontramos ni un solo giro declamatorio que no haya nacido del espíritu de la lengua. Esto conduce a malos entendidos a la hora de juzgar las interpretaciones. Y esto es precisamente lo que ha creado mala fama a la música de Wolf”. Otro apunte digno de tener en cuenta: “Wolf, y también otros compositores, ponen muy pocas indicaciones de matiz para la voz cantada y en cambio muchísimas para el acompañamiento pianístico. Esto no quiere decir de ningún modo que los grados de intensidad se dejen al arbitrio soberano del cantante. Solo dentro de la complejidad de la totalidad de las notas, podrá el cantante adivinar qué piano ha de sonar con secreto y cuál con delicadeza”.
Entre sus estados de ánimo confusos, a consecuencia de los desequilibrios mentales que se pasearon por su existencia como amargos fantasmas que convirtieron su vida en un infierno, concluirá los cuadernos del “Cancionero Italiano”, esas miniaturas encadenadas en cadencia de ráfagas como instantes fascinantes, a la vez sarcásticos e hirientes. Queda en ellas la pujanza permanente de su inventiva armónica, con frecuencia en los lindes de la disolución cromática, contribuyendo a realzar el relato caricaturesco. No hay que buscar temáticas complejas como las que observamos en anteriores colecciones, la inmensa mayoría son canciones de amor con todas sus variantes: deseo, celos, decepción, malicia, ternura.
Alexander Gold- Eriko Ishimoto, en la “Escola Berenguela”
Comienzo del Curso 2017-8, en la “Escola de Música Berenguela”- 20 h.-, con un monográfico Chopin, con reparto entre “Scherzi”, la “Fantasía Impromtu Op. Post 66”y Baladas, que se repartirán los profesores Alexander Gold y Eriko Ishimoto, en invitación abierta. Eriko, pianista necesaria en tantas sesiones de acompañamiento durante el curso, dentro las convocatorias más diversas, fue fiel al ciclo “Unha vida de emocións en 32 sonatas” (La integral beethoveniana), que se nos ofreció dentro de las programaciones de la USC en el Paraninfo. Fue en el quinto concierto para el que eligió dos sonatas del Op. 49, y tres del Op. 31. Japonesa de nacimiento, se formó en la “Escuela Toho Gakuen” con el profesor H.Hayashi, graduándose en 1990, antes de trasladarse a la “Ac. Ferenc Liszt” de Budapest, donde estudió con el maestro G.Nádor. Obtuvo una beca concedida por el gobierno húngaro en 1995 y al año siguiente se trasladó al Gronninger Conservatory-Holanda-, donde continuó con Alexander Makarov-Gold, diplomándose dos años después. Entre sus galardones, destacan el “Diploma Especial del Concurso Int. Vincenzo Bellini”; un segundo premio del “Cittá di Mazara del Vallo”; la mención “The Highest Place as a pianist”, en el Concurso F.M. Classics, de Amsterdam y el Primero del “Conc Int. Viotti-Valsesia. Actuó con la “Noord Nederlans O.” de Holanda; con la “O. Ensemble Kanazawa” de Japón y es parte activa, como Alexander, en las actividades de la “Escola Berenguela” y de la “EAEM”.
Alexander, forjador de talentos, tuvo buena escuela en su país, en donde conoció la docencia de E.M.Timakin, en la “Special School Z.M. Sha” de Moscú y de J.Flier, antes de trasladarse a Israel en 1984, en donde en Tel –Aviv, fue director de la Escuela de Alumnos Superdotados. También debe mencionarse su condición de miembro de Honor del Concurso Chopin Int. de Moscú. Así comenzará su trayectoria por distintos países, realizando continuas masterclasses, y muy especialmente en Holanda, en donde a partir de 1994, pasará por el “North Netherlands Conservatory”, antes de recalar en 2000, en Gronningen, que se convertirá en auténtico laboratorio de experiencias, que alcanzará su punto álgido con la fundación de la Fundación Makarov-Gold y adjunto del “Netherlands Impressariaat”. Del puente hispano-holandés, establecido a través de su docencia, saben afortunadamente nuestras-os pianistas que se han beneficiado de él.
Concierto con talante de clase magistral, comenzando por Alexander, que avanza la “Fantasía-Impromptu Op. Post 66”, una de sus obras que se aproximan al género de la fantasía y que asombra por su estilizado encanto, por lo que se convirtió en pieza muy valorada. Queda con todo la duda de, porqué su autor, se negó a la publicación de la pieza y puede que una de las razones fuese el rechazo que provocaba entre los oyentes cuando la interpretaba; Curioso. “Scherzi” o Scherzos, como prefieran, aunque su relación con los de la forma sonata, es puramente circunstancial. El “Scherzo Op. 20 nº 1, en Si m.”, se resuelve en tres espacios, además de una coda que se reafirma en su “fortissimi”. El “Scherzo Op. 31 nº 2, en Si b m.”, brilla por su continuo arrebato de emociones encontradas, ya desde la entrada dubitativa e “sotto voce”. Eriko se entrega a las cuatro Baladas: la primera, en Sol m. Op.23, en Sol m.”; la “Segunda, Op 38 en Fa M.”; la tercera, Op. 47, en La b M.” y la cuarta, Op. 52, en Fa m.” En estas composiciones, tan identificables en el franco-polaco, asistimos a una investigación y desarrollo de los recursos expresivos del teclado. En resumen y en este caso de las cuatro baladas, estamos ante una de las apoteosis en la escritura por la riqueza de sus resultados. Para confirmarlo, la confianza que nos inspiran Alexander y Eriko.