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{tribuna libre}

ENRIQUE SANTÍN

Capital y capitalismo

21.04.2016 
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Es tan necesario el capital para el desarrollo económico y social de la sociedad, como nefasto y condenable, el capitalismo.

El capitalismo es, por su propia naturaleza, egoísta, insolidario, antisocial e injusto.

La Ley del mercado libre, con competidores en desigualdad de condiciones y oportunidades, premia y favorece a los más fuertes y poderosos y perjudica a los más débiles y vulnerables. Su consecuencia más perniciosa es la desigualdad social que produce y provoca. De ahí, la casi unanimidad de los autores en condenarlo. Contra esa desigualdad se pronunciaron recientemente el economista francés Thomas Pikety en su obra El capital en el siglo XXI y David Harvey, para el que "el capitalismo de libre mercado, sin intervención del Gobierno, produce desigualdad". Ahora bien, no se debe caer en la teoría del péndulo que, condenando el capitalismo privado, nos lleve a defender el no menos perjudicial "capitalismo de Estado".

Es, pues, el capitalismo la principal causa de la creciente desigualdad social que existe entre ricos y pobres y que se expresa muy gráficamente mediante la frase de que "cada día son menos los que tienen más y más los que tienen menos".

Es esa desigualdad intolerable e injusta la que, por el agravio comparativo que comporta, genera la mayor rebeldía y rechazo social. Se odia a los que más tienen cuando son más los que no tienen lo suficiente.

Debe, pues, no confundirse capital con capitalismo. El capital es, junto con la naturaleza y el trabajo, uno de los tres factores o agentes de la producción. El capital, por lo tanto, como agente productivo, tiene que destinarse a la producción, es decir, a crear riqueza, bienes, servicio y puestos de trabajo. No es lícito ni moral atesorar el capital ni guardarlo u ocultarlo en cualquiera de los 33 paraísos fiscales que existen actualmente. Esa es la característica principal del "capitalista" que sustrae su dinero del circuito productivo y lo guarda, acumula y atesora. Por lo dicho anteriormente, del capitalista se puede decir que es un "adinerado". Caso totalmente distinto es el del empresario o emprendedor que necesita del "capital" pero no es "capitalista". Para el empresario, el dinero y el capital son medios necesarios para la creación y desarrollo de su empresa; para el capitalista, son la obsesión y fin único de su actividad.

El emprendedor necesita del crédito y de los recursos; pero para conseguirlos debe ofrecer solvencia y transparencia, es decir, no puede ocultar sus bienes ni su patrimonio y sí, en cambio, ofrecer y demostrar la viabilidad de su negocio o proyecto empresarial.

En conclusión, puede decirse que a la sociedad deben servirle de ejemplo y motor los "hombres de empresa" que invierten y crean riqueza, bienes, servicios y empleo, por lo que es injusto y ofensivo, calificarlos de "capitalistas", cuando arriesgan sus conocimientos, esfuerzo y patrimonio. Estos últimos merecen la aceptación, comprensión y defensa de la sociedad.

Una última observación nos permite afirmar que el desarrollo y progreso de la sociedad sólo se logra si los recursos y beneficios obtenidos por la actividad empresarial se aplican a su reinversión productiva, por lo que esa actitud y comportamiento se opone a la de quienes ocultan su dinero o capital o lo mantienen ocioso e improductivo.

(*) El autor es jurista y profesor universitario