El Correo Gallego

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CARLOS LUIS RODRÍGUEZ

Con él empezó todo

08.10.2017 
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LO vio venir antes que nadie pese a su fama de frívolo y amigo de la juerga. Demostró que bajo esos pelos de cortes tan originales hay una cabeza que piensa y se anticipa a los acontecimientos. Resistió a las presiones, hizo frente a quienes lo tildaban de pesetero, aguantó las acusaciones de traición a los colores. Mientras las cúpulas del Sabadell, CaixaBank, Aguas de Barcelona o Gas Natural todavía pensaban que Puigdemont y compañía estaban en una representación que acabaría bajando el telón, él se dio cuenta de que la locura secesionista no era una broma y fue el primero en irse. Hablamos, claro está, de Neymar. En París tiene días buenos y malos como cualquier futbolista, pero está lejos de la agobiante presión extradeportiva que pesa sobre los que siguen en el Barça. Está en un club que no es más que un club, en una ciudad que no es más que una ciudad, y un país que no es más que un país. Puede ser nada más que un jugador y no un icono político.

Siguiendo su estela se están yendo bancos y empresas que sólo son eso, sin más pretensiones que tener contentos a accionistas y clientes. Aunque el independentismo siempre es prudente con el dinero, en voz baja estarán llamando traidor a la patria a Fainé y los demás, olvidando que su nación real se compone de individuos que acuden a la Bolsa y operan en las oficinas. Individuos que hacen con sus ahorros un referéndum de autodeterminación todos los días, cuyos resultados son elocuentes: o se está con ellos o con la turba que ha tomado las riendas de la Generalitat. No saldrán a la calle, no amenazarán a los consejeros, no harán escraches ante las sedes. Simplemente se irán con el dinero a otra parte. No es catalanofobia sino dinerofilia.

De la rebelión de las masas de Ortega pasamos en el 2017 a la rebelión silenciosa de los accionistas e impositores. Así como la policía tuvo que hacer grandes esfuerzos para cerrar o desalojar los colegios electorales ilegales, ha bastado algún movimiento en el parqué y las cuentas corrientes para que se inicie el éxodo empresarial. Neymar busca sosiego en Francia, las empresas en España y hasta el FC Barcelona admite que no hay mejor sitio para jugar que la Liga Española.

Lo cual nos pone en la pista de una posible estrategia frente a los nuevos golpistas. En sus fantasías un ejército de ocupación se pasearía por la Diagonal con la Legión al frente, pero lo que está sucediendo no es una invasión sino una "gran evasion". ¿Y si los dejaran solos en un país frenopático? Si la gran banca y la gran empresa se refugian en la cálida nación española, si el Barça se mantiene en la competición patria, sólo faltaría rescatar a los innumerables buenos catalanes y crear una Cataluña libre en el exilio, en Aragón o Valencia, con Sant Jordi de patrón ambulante. Y ellos a solas con su rencor. Neymar lo supo ver a tiempo.

Periodista