El Correo Gallego

Noticia 1 de 1 Opinión » Firmas

{ a bordo }

CARLOS LUIS RODRÍGUEZ

El sempiterno avestruz

19.05.2017 
A- A+

AL calor de los festejos del Día das Letras se publicó una encuesta sobre el uso del gallego entre los jóvenes. Los resultados no eran satisfactorios. Resumiendo, son abundantes los chavales que muestran su devoción por el idioma pero que no lo hablan. Del dato deducen algunos (los más moderados) un fracaso de la normalización en general, y otros (los más exaltados) una responsabilidad directa de la Xunta. Curiosamente se exime de toda culpa a los propios hablantes, o no hablantes en este caso. Sin duda estamos ante una muestra más de una corrección política que impide achacarle a la sociedad cualquier culpa, y obliga a utilizar diversos chivos expiatorios, como el sistema, las instituciones o los políticos.
Si esta misma encuesta se realizase hace cincuenta años sería fácil deducir que el desapego idiomático se debía a causas políticas porque el gallego vivía aún en las catacumbas, sin protección ni promoción de ningún tipo. Sostener lo mismo a día de hoy sólo se explica por una férrea y sectaria militancia que obliga a insistir en que vivimos en una prolongación de la dictadura. Por cierto, todavía se está a la espera de una explicación satisfactoria a esos análisis que nos dicen que en esa dictadura había más gallego-parlantes naturales, no rituales, que ahora, y que su número ha ido disminuyendo con la democracia.
Lo cierto es que ninguno de los jóvenes que confiesa no utilizar una lengua que aprecia, denuncia su falta de libertad. En su vida hay oportunidades de sobra para que se produzca la ósmosis idiomática: en los centros de enseñanza, en los medios de comunicación, en la calle. Salvo insignificantes problemas que son más excepción que norma, pueden vivir perfectamente en gallego. Aun aceptando que tuvieran algún obstáculo en tal o cual gestión, quedaría a salvo el grupo de amigos, pero resulta que es ahí donde consideran en la práctica que el idioma propio no es el apropiado.
Todos podemos compartir la preocupación por este desfase generacional en la normalización. Todos podemos estar de acuerdo en la urgencia de revertirlo. Sin embargo es falaz culpar a la política lingüística o las instituciones de algo que depende de la autodeterminación personal. Es natural que los convocantes de la manifestación del 17 en Santiago clamen contra la Xunta porque se trata de una convocatoria política camuflada, como tantas otras veces, de reivindicación lingüística; señalar a los chavales no es correcto ni oportuno, porque entre ellos puede haber votantes presentes o futuros. Pero la clave está en ellos. Pensar otra cosa es emular una vez más al avestruz.
Periodista