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A bordo

CARLOS LUIS RODRÍGUEZ

Siempre copiando

13.09.2017 
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EN Galicia se da una dualidad que siempre se le atragantó al nacionalismo. En lo que a personalidad social, cultural, antropológica o idiomática se refiere, jugamos en la liga de las estrellas del Estado Español junto a Cataluña y el País Vasco. En términos económicos nuestro sitio está al lado de comunidades menos glamurosas. Y sin embargo se empeñan en negar la evidencia. La realidad es que existen muchas razones para ser españolista en Galicia (afectos, historia, lucha democrática), pero una de las principales es el interés. Para esta comunidad España es un buen negocio, porque desde que existe democracia se ha dotado de instrumentos (mejorables sin duda) que promueven la solidaridad entre territorios.
Buena prueba de que esos instrumentos funcionan es la reacción furibunda del independentismo catalán. Aunque la desafortunada proclama sea “España nos roba”, lo que se quiere decir es que Andalucía, Extremadura o Galicia “nos roban”. No hay opresión nacional sino un rechazo de la justicia distributiva que practica el Estado. En buena lógica un nacionalismo gallego debiera salir el 25 de Xullo a la Quintana exigiendo más solidaridad a Madrid y clamando contra el catalanismo que hasta pretende dejarnos sin AVE.
En pura coherencia económica y tributaria, BNG y En Marea tendrían que reclamar una financiación más favorable a la gente que los votó, y no a Puigdemont y Junqueras. Sin embargo quieren un cupo. Pero con las balanzas en la mano, y por mucha prestidigitación que se haga, España no nos roba sino que nos da.
Uno pensaría que, en justa correspondencia al apoyo que ambas formaciones prestaron en la Diada al independentismo, un portavoz de la Generalitat anunciaría un préstamo privilegiado a Galicia y se uniría a la demanda de una alta velocidad plena y sin retrasos. Resulta que es nuestro nacionalismo el que se obstina en copiar políticas que poco tienen que ver con lo que somos y necesitamos. Si ellos piden el cupo, aquí se pide el cupo. Si ellos se lanzan a la independencia, aquí se hacen independentistas. A la carrera por emular a los otros resisten de momento el pulpo y la muiñeira. Veremos lo que resisten.
Llevan demasiado tiempo mirando para la Meca vasca o catalana en vez hacerlo hacia el propio país. Como dijo Leicega en el Parlamento, el nacionalismo sacrifica los intereses generales por criterios únicamente ideológicos. En materia de financiación el nacionalismo, que es además un nacionalismo de izquierdas, se obstina en ser una sucursal de los nacionalismos ricos. Basta con estar atento a la última ocurrencia de los de fuera para saber cuál será la ultima idea de los de aquí. Un poco de originalidad, por favor.
Periodista