El Correo Gallego

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CARLOS PAJARES

Religión, laicismo y Macron

17.04.2018 
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EL presidente francés, Emmanuel Macron, pronunció un interesante y polémico discurso delante de la conferencia episcopal francesa y de líderes de otras confesiones religiosas, en el que se tocan diversos puntos, varios de ellos relacionados con las relaciones entre el Estado francés y la Religión, especialmente la católica.

Entre otras cosas dijo: "Como presidente soy el garante del derecho de creer y no creer, pero no soy el promotor de una religión de Estado que sustituya la trascendencia divina por un credo republicano. La laicidad no tiene la función de negar lo espiritual en nombre de lo temporal".

Refiriéndose a la Iglesia católica dijo que la República está esperando que le haga tres regalos: el de su sabiduría, el de su compromiso y el de su libertad. Añadiendo más adelante, que nuestro diálogo no debe basarse en la solidez de ciertas certezas, sino en la fragilidad de lo que nos cuestiona y, a veces, nos distrae. Debemos atrevernos a basar nuestra relación en el intercambio de estas incertidumbres especialmente en las cuestiones del hombre. Aquí es donde nuestro intercambio ha sido más fructífero en la crisis, frente a lo desconocido, frente al riesgo, en la conciencia compartida del paso a tomar, el desafío de intentarlo... es una Iglesia de la que no espero lecciones, sino la sabiduría de la humildad.

Los católicos, en un contesto de declive de solidaridades, han recurrido masivamente a la acción asociativa, al compromiso. Son un componente importante de esta parte de Francia que decidió encargarse de la otra parte: la de los enfermos, los que están solos, vulnerables, discapacitados, prisioneros, independientemente de su etnia o religión...Este regalo de compromiso no solo es vital, es ejemplar.

Finalmente, hay una libertad que la Iglesia puede darnos que es la libertad espiritual. Nuestros contemporáneos necesitan, ya crean o no, escuchar hablar sobre el hombre desde otra perspectiva que la material. Es la libertad de ser uno mismo sin buscar seducir. Se trata de atreverse a algo más que lo temporal, sin renunciar a la realidad.

Su discurso no tiene desperdicio y sería conveniente reflexionar sobre sus contenidos que se extienden a lo largo de 26 páginas, y de su aplicación al discurso político español. En territorio francés, algunos como Melenchon han reducido su crítica al eslogan llamando subsacerdote a Macron. Sin embargo sería magnífico que hubiese muchos políticos con la capacidad de profundización y humanismo que se trasluce tras ese discurso, cambiando la onda de sus discursos políticos.

Profesor emérito de la USC