Martes 17.06.2008
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En España hay dos clases de catástrofes en los que no importa su origen: los que se producen bajo gobiernos del PP o los que ocurren bajo los del PSOE.
En cualquier país del mundo nadie busca partidos políticos culpables de los grandes accidentes antes de concluir una investigación técnica. En España todo desastre está politizado para encontrar como responsable a la derecha, pero a la nacional, nunca a la nacionalista. Cuando gobierna el PSOE los desastres, aunque hubieran sido evitables, tendrán siempre una justificación técnica, un causante ajeno al poder o incluso serán una herencia del PP porque gobernaba hace cuatro años y medio. Es lo que está ocurriendo con el caso de Spanair, a pesar de las posibles negligencias de Aviación Civil, dependiente de Fomento, en la inspección de aviones. Cuando gobierna el PP, la culpa será siempre suya, como ocurrió con el Prestige, en 2002, desgracia que la izquierda reconoce ahora que tampoco sabe cómo resolvería.
En aquella ocasión no falleció ni una sola persona, pero tuvo más valor alguna gaviota envuelta en chapapote que cualquiera de los 11 trabajadores de un retén de bomberos muertos en julio de 2005 por incompetencia de las autoridades en el incendio forestal de Guadalajara: es que en este caso los gobiernos, autonómico y nacional eran del PSOE.
Y esto ocurre no porque el PP no quiera usar las desgracias para erosionar a los socialistas, sino porque hay un reflejo automático en la sociedad y en la prensa que las lleva a culpar a la derecha de toda adversidad, mientras que ésta teme que alguno de los suyos sea, efectivamente, culpable. Siendo mayoritariamente católica, la derecha se sabe pecadora hasta de todos los malos pensamientos, que debe pagar en actos públicos de contricción.

¿Deixádeme ser libre? Sí, pero...
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