Lunes 22.12.2008
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La docilidad de UGT y CCOO ante el Gobierno resultaba ya cómica. Que con un paro galopante los sindicatos no salieran a la calle en señal de protesta parecía, cuando menos, sospechoso; no daba buena imagen y denunciaba su dependencia del Presupuesto. Había, pues, que tener un gesto de "crítica progresista"; había que manifestarse, pero no contra el Gobierno, como sería lo propio, sino contra los "ricos", contra los empresarios para "que no se aprovechen de la crisis". ¡Qué majadería!
En fin, ¡a la calle!, a Madrid, con el viaje pagado, un bocata para el camino y algunos, los dirigentes, con dietas. Pero calcularon mal. No consideraron -o les faltó información- que la gente está escaldada y ahora no admite trágalas. Lo cierto es que lo que iba a ser una protesta de cientos de miles de personas, se quedó en un cortejo de no más de cuarenta mil manifestantes. ¿Dónde se quedaron los 300.000 parásitos de nómina, con título de "liberados", que anidan al cobijo sindical? Por lo que vimos, ni éstos se sintieron obligados a la llamada.
La gente está harta de engaños y cucamonas. La gente va abriendo los ojos y se da cuenta de que estos sindicatos son una pamema y no representan a nadie. ¿Por qué no dicen los afiliados que tienen? ¿Por qué tanto secreto? Circula por ahí que la afiliación no llega ni al 8% del total del censo laboral. Es una vergüenza que una minoría insignificante se arrogue, porque sí, la representación del mundo del trabajo. El éxito de la manifestación ha sido muy elocuente. Y eso que contaron con la colaboración de los titiriteros de siempre, que debieron haber desfilado al compás del pasodoble Por la calle de Alcalá, de la revista Las Leandras, del maestro Alonso, con Zerolo en el papel de la vedette Celia Gámez y las clásicas contestatarias como chicas del conjunto. La manifestación habría sido más divertida.

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