El Correo Gallego

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RESEÑA MUSICAL

RAMÓN G. BALADO

El chelista Adolfo Gutiérrez Arenas, solista para Penderecki

12.01.2018 
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El chelista Adolfo Gutiérrez Arenas, será solista del “Concierto para chelo nº 2” del polaco Krystof Penderecki, director también al frente de la “O.S. de Galicia” en el “Palacio de la Ópera” de A Coruña -20´30.-, en lo que supondrá su estreno en España, y que compartirá programa con “Treno por las víctimas de Hiroshima” y la “Sinfonía nº 2 (Sinfonía de Navidad)”. Gutiérrez Arenas, tuvo el honor de poner en atriles el “Concerto Grosso nº 1, para tres chelos y orquesta” del compositor, quien lo dirigió a comienzos del año pasado con la “ONE”, acompañado de Gautier Capuçon y Daniel Müller-Schott. Obra que para el autor, partía de un vasto proyecto de veinte chelistas y que acabaría desechando por inviable. En medio quedaba la figura del celoso Rostropovich, quien ante la idea de una posible colaboración con otros intérpretes, se convertiría en una opción que no quiso compartir. Definitivamente lo estrenaron Boris Pergamenschikow, Truls Mork y Hans- Na Chang, en el “NHK” de Tokio, con Charles Dutoit. Se admite en él una cierta vuelta al pasado y un viraje hacia la “Sonata para chelo y orquesta” de 1964 y al “Largo”, pensado para Rostropovich, poco antes de su muerte. Aceptamos una constante perceptible en tantas de sus obras nacidas con relación a una especial afinidad: El caso del “Concierto para violín nº 2 (Metamorphosen)”, por su admiración hacia Anne Sophie-Mutter; el “Concierto para flauta”, por J.P. Rampal o el “Primero para chelo”, teniendo en mente a Siegfried Palm.

Adolfo Gutiérrez Arenas, tuvo como maestros a Elías Arizcuren, Lluis Claret y Gary Hoffman en la “Bernard Greenhouse”. Fue “Premio Ravel”, en Schleswig Holstein y en el “Ciclo Ibermúsica” de 2010, se presentó con el concierto de Elgar con la “London S.O.”. Es profesor del centro Katerina Gurska. En su prestigiada trayectoria, merece mención el rescate casi casual del “Ruggieri” del 1673, con el que se maneja, cuando él mismo lo salvó de un posible ostracismo. El chelo fue confiado a Thomas Wei, intermediario de la casa “Florian Leonhardt”, quien se lo dejó probar y tras un arreglo en el puente, los resultados se confirman ante el oyente. Sus registros de las sonatas de Beethoven, para chelo y piano, con Christopher Park, son un excelente ejemplo. En su favor, un ambiente familiar propicio, ya que su padre, Adolfo Gutiérrez Viejo, fue organista-“kapelmeister” en Alemania, y su madre, Lola Arenas, una virtuosa soprano. Se siente cercano, como chelista, a la herencia legada por Pau Casals. Hay aspectos en común entre el chelo y la voz humana, ya que el instrumento puede verse como una extensión de la voz, por lo que es necesario que la sonoridad del chelo resulte bien modulada y llena de espacios amplios.
“Trenos por las víctimas de Hiroshima” resultó una confirmación del alcance de sus intuiciones y que afectará a otros compositores del momento, al lado de obras como “Anaklasis” o “De natura sonoris”. Escrita para 52 instrumentos de cuerda, supondrá una arriesgada propuesta, enriqueciendo los colores tímbricos por sus audacias de enfoque y los sonidos producidos por esa manera de ejecución antiordodoxa: los golpes sobre el puente, el deslizarse los dedos o la mano entera a lo largo de las cuerdas y tantos recursos imaginables. El título inicial previsto “8´37”- con referencia a la obra de John Cage-, por la duración prevista, fue desplazado por el definitivo que conocemos. Dentro de esta idea de una composición de connotaciones reivindicativas frente a los horrores del Holocausto. Se reafirmará en el “Dies Irae a la memoria de los asesinados en Auschwitz”. Pendrerecki, nacido en Debica (Polonia), quedó profundamente impresionado de por vida, cuando fue testigo del asesinato de amigos y compañeros.

La “Sinfonía nº 2 (Navidad)”, nace como encargo de Zubin Mehta y la “New York P.O.” en 1980, obra en un movimiento único y en el que el autor da entrada a un par de citas procedentes del villancico “Stile Nacht y de un aire de procedencia popular. En conjunto, la obra acaba dejando la impresión de un estado de ánimo profundamente intimista. Resulta una introspección y una aproximación al sinfonismo del post- romanticismo y al del Tchaikovski que redescubriría en su amplitud más idiomática. Abundan, por necesidad expresiva y tras esos años intensos de renovaciones que caracterizarán el conjunto de sus obras, el uso de recursos armónicos y melódicos que parecen tentarle a esas alturas. Se habla de la idea de orquestación que se observa en el sinfonismo wagneriano, en el que Bruckner y, por supuesto, en el de Dmtri Shostakovich. Queda en el capítulo de los posibles proyectos del polaco la composición de una nueva ópera tomada de “Divinas palabras” de Ramón Mª del Valle-Inclán, una promesa y una tentación del veterano maestro, que añadiría a “Los endemoniados de Loudun” o “El paraíso perdido”. Penderecki, fue Premio Príncipe de Asturias de las Artes” de 2001 y en su discurso de agradecimiento, pronunció un charla sobre la realidad de las vanguardias en las próximas décadas.