Domingo 14.03.2010
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Actualizado 03.15
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El tríptico del ciclo pianístico Ángel Brage que había iniciado Olli Mustonen en el Auditorio de Galicia (21 horas), culmina su cometido con el alemán Christian Zacharias, quien recibiría el legado de la pianista rusa en el exilio Irene Slavin en la Hochschule de Karlsruhe antes de obtener en 1969 el segundo premio del concurso de Ginebra.
París le descubrirá el magisterio de Vlado Perlemuter con el que mantendrá una actividad docente e intensa, además de confidencial en cuanto a su proyección profesional, durante tres largos años.
Zacharias obtendrá el Premio Van Cliburn de 1973 y dos años después se hará merecedor del Concurso Ravel parisino. Su interés por el espacio camerístico quedará refrendado en colaboraciones como las mantenidas con el Cuarteto Alban Berg. Queda por destacar ese interés por la dirección incluyendo la ópera y también la opereta como La belle Hélène. Su referente en la batuta será sin duda S. Celibidache por el rigor y la claridad en cada detalle de la partitura.
Volviendo a Perlemuter, su maestro influiría en su manera de entender a Ravel y Debussy, por la claridad del sonido y la definición, los perfiles nítidos muy alejados de un sfumatto pesudo-impresionista. Justo un Debussy para el programa del día por el primer libro de Préludes, a los que se añaden dos sonatas de F.F. Haydn y la Humoresque en Si b M. Op. 20 de Schumann.
Haydn le atrae aunque no como algo prioritario, pero su pureza es una de las cosas más difíciles. Sus sonatas encierran una intemporabilidad que no envejece. Los preludios han contribuido a reforzar la idea de Debussy como músico impresionista. El autor ponía los títulos al final de las piezas. No quería que se tuviese una imagen determinada ante los ojos, pretendía más bien una confirmación después de la audición. Podrán pasar como el homenaje a los maestros, Chopin, Couperin, J.S. Bach o Rameau.
La Gran Homoresque de R. Schumann, es su más grande y ambicioso proyecto en el que expresa sus dones a través de esa forma libre: no sonata ni suite, ni siquiera una forma cíclica. Se trata de una serie de variaciones de clima expresivo, de stimmung como se quiere en un contexto cultural propio.
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