Domingo 14.03.2010
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Actualizado 03.15
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Es conciliador el tono de la respuesta de Touriño a Feijóo sobre la reunión. También lo era el de éste cuando le manifestaba previamente sus reparos a celebrar dos reuniones seguidas. No cabe duda de que es un alivio. Porque las formas, sobre todo en momentos de gran tensión como el de estos días, son importantes. Cuando lo único que queda es la estética, al menos que sea la correcta.
Me temo, sin embargo, que hubo algún malentendido. Lo califico así porque, por una vez, quiero creer que si pienso bien acertaré. Feijóo le decía en su misiva que era necesario un encuentro bilateral con más tiempo y en distinto día al previsto con Quintana. Touriño probablemente entendió que la ampliación del tiempo se refería a buscar otra fecha más lejana mientras que Feijóo realmente se refería a celebrar la reunión hoy, pero sólo una, y de una mayor duración. En todo caso, no deja de ser una anécdota. Incluso, creo que conviene dejar pasar unos días, tampoco demasiados, esperando a que se enfríe el clima político. En lo que resta de mes debería ser la cita. Antes de entrar de lleno en la carrera política de las municipales, que todo lo va a contaminar.
Decía hace algunos días que la foto por sí sola es importante. Lo mantengo, pero como reconocerlo no es lo políticamente correcto tendrán que decir lo contrario. La historia está llena de ejemplos. El valor del gesto, en una actividad condicionada por una opinión pública que se alimenta de imágenes o consignas, es incuestionable.
Puesto que tienen más días de margen, han de acudir al vis a vis con propuestas razonables y voluntad de entenderse. A ambos les conviene. No sé a quien más de los dos, pero es evidente que los ciudadanos van a valorar antes que los posibles acuerdos el empeño que pongan en ello. Feijóo ya no precisa de fotos para reforzar su liderazgo como jefe de la oposición o en el ámbito interno. Ha ganado de sobra esta posición y, salvo que las elecciones municipales se conviertan en una debacle para su partido, no habrá alternativa en muchos años. No está en el mismo caso que Rajoy, quien tiene recambio inmediato, para su desgracia, en Gallardón o Aguirre. En Galicia no hay otra opción. Lo que el dirigente popular gallego necesita es transmitir una imagen de moderación y seriedad. No porque la tenga o deje de tener, sino porque el gran público no le conoce.
Por su parte, Touriño está necesitado de que se visualice su rango y función. Con Xunta bipartita y cúpula bicéfala necesita despegarse de la sombra de Quintana, cuya habilidad protagonista es indudable, para aparecer como lo que es: el presidente de Galicia. Su personalidad es distinta a la de Fraga, que todo lo llenaba y no permitía ni siquiera segundos, pero la Presidencia de un país es, a nivel de opinión pública, la máxima dignidad. Touriño no sólo ha de ejercerla sino que lo parezca.
De cara a las municipales, interesa mucho al PSOE potenciar la figura del presidente de la Xunta. Crear un efecto Touriño como existe el ZP, aunque esté a la baja. Para las grandes ciudades es fundamental transmitir este valor. Un batacazo del BNG dejaría con más libertad de acción y movimiento a los socialistas en la Xunta.
Sorprende la resignación de Quintana ante esta situación. Sus comentarios suaves denotan falta de ideas de sus asesores o responden a la estrategia de aparentar apatía para preparar una revancha sonada. Estaremos atentos.
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